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La lectura en México: Alfabetismo disfuncional, pornolectores y prensa del corazón





Texto: Héctor Villarreal ®
fotos: Arturo Bermúdez
Publicado en Milenio semanal



Lo más leído en el país: diarios con pornohistorias, nota roja y deportes; revistas de espectáculos, historietas vaqueras y de acción, y libros de autoayuda o sobrenaturales.





Pornografía-prostitución, La Biblia y Carlos Cuauhtémoc; chismes de la farándula, futbol e historietas de folletín; nota roja, Cañitas y libros favoritos de los que no se recuerda quién es el autor. Ésas son las claves mayoritarias de la lectura en México. Eso, o no leer. ¿Somos lo que leemos o lo que no leemos? A propósito de candidatos que (no) son marcados en su vida por libros, va un repaso de los hábitos y prácticas relacionadas con la lectura de un amplio espectro del electorado próximo a elegir Presidente de la República.

ESCRITORES Y SEXOSERVIDORAS

Tal vez los escritores más leídos en el país no son los, sino las. Son mujeres jóvenes y su principal actividad profesional es la prestación de servicios sexuales.

La tendencia ha ido cobrando importancia: la literatura porno, un producto para consumo de masas, escrita a modo de diario o de memoria por auténticas protagonistas. Dos de los periódicos con el mayor número de lectores, El Gráfico y Metro, publican a sendas acompañantes de lujo como sus columnistas estelares: Lulú Petite y Milah Escort.

Metro alcanza un tiraje diario de 195 mil ejemplares. Aunque no se venden todos, muchos son leídos más de una vez entre taxistas, usuarios de taxis, boleros, clientes de boleros, policías: un perfil mayoritariamente masculino. La columna “Crónicas desde mi cama”, de Fernanda, se publicó de mayo de 2007 hasta abril de 2009. Era una audacia editorial: los relatos de una sexoservidora de alto nivel en el diario de periodismo más cutre. Se publicaba los martes y jueves, los días de menor venta, con el claro propósito de elevarla, pues había quienes sólo compraban el periódico para leerla a ella, como los televidentes que se enganchan con una telenovela o una serie.

El Gráfico se dirige al lector del mismo perfil; para tratar de ganar mercado, el hermanito de El Universal —con tiraje de 106 mil ejemplares diarios y un cálculo de 350 mil lectores— ha hecho dos cosas: fijar un precio más barato y tener a su propia escort escritora: Lulú Petite. Ella es autora de la columna “Diario íntimo”, que se publica los martes y jueves desde hace un año y medio; recibe 22 mil visitas en la edición de internet, que luego reproduce en su blog, donde el contador registra dos millones 619 mil visitas, y tiene 19 mil 622 seguidores en Twitter. Al retirarse Fernanda, Lulú Petite le dio una importante ventaja competitiva a El Gráfico, hasta que llegó Milah a las páginas del hermanito de Reforma. Fue invitada gracias a sus buenas reseñas de clientes en un foro de sexoservicio. Su blog vino después, hasta que fue retirado por Blogger, el proveedor del servicio; actualmente tiene casi 21 mil 49 seguidores en Twitter y reproduce su columna en su sitio personal.


LEER LO QUE PASA EN LA TELE

De acuerdo con información del Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación, las revistas de mayor venta en el país son TV Notas y TV Novelas. Su tiraje, sumado al de algunas otras que se dedican, como éstas, a la información de espectáculos, alcanzaría un tiraje superior al millón de ejemplares semanales. Tal vez lo peor, desde un análisis de la calidad de sus contenidos, no es la frivolidad, el dolo, la invasión a la intimidad o el morbo, sino los anunciantes: curanderos, adivinos, vendedores de amuletos y un sinfín de mercaderes de la ignorancia y la credulidad.

Una cantidad similar o superior en tiraje alcanza la edición de historietas como El Libro Vaquero, El Libro Semanal, El Libro Policiaco a Color, Historia Semanal de Amor y Pasión y Frontera Violenta. La proporción de lectores de TV Notas según su género es de siete mujeres y tres hombres por cada 10, idéntica al perfil de El Libro Semanal, de contenido tipo novela de folletín. En contraste, en el caso de El Libro Vaquero, dos de cada tres lectores son hombres, más propensos a identificarse con historias en las que el protagonista defiende valores como la valentía, el honor y la virilidad.

Pero lo que más puede sorprender en el perfil de lector de TV Notas es que está en todos los niveles socioeconómicos, pero mayoritariamente en la clase media, donde más de la cuarta parte del total tiene estudios de bachillerato y profesionales. Prácticamente no hay peluquería ni salón de belleza que no tenga varios ejemplares de esta publicación, lo que implica que el número de sus lectores se multiplica de manera importante. Si a éste pudiéramos sumar a los compradores en el mercado de segunda mano, la cantidad sería multimillonaria.






El universo de las historietas es mucho más difícil de calcular en cuanto a su tiraje, dado que muchas no se certifican porque no viven de la publicidad, sino de su venta efectiva. Entre éstas hay muchas de contenido gráfico porno y lenguaje vulgar, de venta restringida al público adulto, pero que además de tener un mercado de segunda mano tienen el del alquiler o canje, y otro incipiente de intercambio por internet.

En cuanto a los periódicos, los más vendidos ponen énfasis en la nota policiaca: La Prensa y los citados Metro y El Gráfico, así como los especializados en deporte (preponderantemente futbol): Esto, Ovaciones, Récord y Estadio.

SIN AUTOR FAVORITO Y SIN HABER LEÍDO LIBROS

Según la última Encuesta Nacional de Lectura (Conaculta, 2006), 12 por ciento de los mexicanos nunca ha leído un libro. Uno de cada tres dijo haberlos leído en algún momento de su vida, y apenas poco más de la mitad respondió que sí lee. Sin embargo, la mayoría de entre aquellos que dicen leer o haber leído libros no recuerda o no sabe cuál fue el último que leyó. Lo que más han leído son libros de texto escolar, de superación personal y novelas. A la pregunta de cuál es su libro favorito, las respuestas con mayor frecuencia fueron La Biblia, Juventud en éxtasis, Don Quijote de la Mancha, Cien años de soledad, Cañitas, El Principito, Harry Potter y Volar sobre el pantano, en ese orden. Más de la mitad nunca ha leído un libro de literatura y 11 por ciento dijo hacerlo sólo ocasionalmente.

La gran mayoría, cuatro de cada cinco encuestados, no tuvo respuesta a quién es su autor favorito. De entre los pocos que sí lo tienen, los más mencionados fueron Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Gabriel García Márquez, Miguel de Cervantes Saavedra, Octavio Paz y Carlos Trejo. Si confrontamos la correspondencia entre obras favoritas respecto a autores favoritos, parece que no son recordados los nombres de J.K. Rowling y Antoine de Saint Exupery (autores de Harry Potter y El Principito, respectivamente), como tampoco el título de alguna de las obras de Octavio Paz aunque éste supuestamente es mencionado como escritor predilecto. Cuando se revisa la correspondencia entre estos títulos con los del último libro que se dice haber leído o se estaba leyendo en el momento de la encuesta, es casi idéntica (el último leído y el favorito son el mismo, salvo los de texto).

El promedio nacional de libros leídos al año fue de tres, pero la tercera parte de los encuestados respondió no haber leído ni uno en los 12 meses previos. Otra tercera parte dijo que sólo uno o dos, y nada más un tercio del total leyó más de tres. Solamente uno de cada 25 leyó más de 11 libros. Sin embargo, los datos que más consternan no son tanto los de quienes no leen, dado que tienen niveles educativos y económicos muy bajos, sino los de la población con estudios universitarios, que en promedio lee cinco libros al año, y la tercera parte nunca ha leído un libro de literatura. Uno de cada cuatro dice no leer libros.

Estos datos son confirmados, actualizados y complementados con los de la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales (Conaculta, 2010), según la cual sólo 27 por ciento de los entrevistados respondieron haber leído un libro durante el último año. Nunca lee periódicos ni revistas el 38 y el 49 por ciento, respectivamente. La cuarta parte de los encuestados no tiene un solo libro en su casa, y 38 por ciento tiene entre uno y 10. Asimismo, 43 por ciento respondieron nunca haber acudido a una biblioteca. De los que sí, sólo 23 por ciento asistió en los últimos 12 meses. Entre quienes no han asistido, 28 por ciento respondió que no le gusta leer o no le llama la atención. Nunca ha asistido a una librería 57 por ciento, y cuatro de cada cinco no compraron un solo libro durante el último año. Quienes compraron 10 o más libros en ese periodo fueron apenas el uno por ciento de los encuestados y, de ellos, los temas de los libros que más compraron fueron de superación personal y religiosos. Entre quienes afirmaron no haber asistido nunca a una librería, 22 por ciento dijo que es porque no le gusta leer.





La no-lectura en México



De Nicolás José. ®
Publicado el 16 de diciembre del 2011



Expresar lástima sobre el nivel de lectura del mexicano promedio -que viene siendo el mexicano total- se vuelve un aburrido lugar común. Dicha queja resulta pesada cuando proviene de alguien que apenas libró la media porque en su paso se cruzó una versión acotada de Aura o una edición de los Poemínimos en solitario. Cuando se afirma, luego después, que la causa del problema estriba en la baja calidad de la educación, cosa que normalmente se dice como si se hubiera descubierto la pólvora, ya es una invitación a la violencia. Además, las clases “educadas” de nuestro país, como ha sido demostrado, son de las que menos leen.

Queda claro que el ínfimo índice de lectura no mejorará -si es que es preciso que mejore- hasta que no se entienda cabalmente al público no-lector. Es decir, se tienen que identificar objetivamente las razones subjetivas por las cuales no se lee. Sin embargo, aquí nos encontramos con otro problema. En México hay tantas personas que no leen que se torna verdaderamente imposible hacer una tipología que comprenda todas las maneras y estilos de evadir la lectura. El mexicano no-lector abarca todas las clases y edades, grado de escolaridad, nivel de profesionismo y salud ocular. No obstante, en el abismo de la no lectura se alcanzan a vislumbrar algunas preocupantes tendencias generales.

Entre los no-lectores más típicos y pintorescos se encuentran aquellos que guardan cierto respeto por la lectura. Se puede llamar el "no-lector casual". Por lo general tienen conocimiento superficial del canon. Este no-lector conoce los títulos y nombres de los autores de los libros que debía de haber leído pero no leyó. Los más duchos conocen incluso los pormenores de la trama de algunos de los libros o bien pueden recitar un par de versos sueltos de algún poema. No es inusual escucharlo hacer comparaciones con Don Quijote peleando contra molinos de viento, o inspirándose con un verde que te quiero verde, por ejemplo. Su falsa lectura forma tal parte de su vida que cuando menciona un libro asegura siempre haberlo releído y se congratula con el asombro de sus cuates lectores cuando les platica que “esta releyendo” En busca del tiempo perdido como si la vida no fuera demasiado corta. Pertenece a la misma familia de no-lector aquel que no puede reconocer que no ha leído un libro. Pareciera que salvaguardan el conocimiento universal con su existencia ya que asegura haber leído cualquier libro que se le pregunte. Su poeta favorito, en el mejor de los casos, es Pablo Neruda pero normalmente prefieren a Benedeti. En su más graciosa expresión creen que Antonio Machado es un cantautor.

Otro grupo de no-lectores se puede catalogar como “no-lector militante”. El no-lector militante general no tiene remedio. Si no tiene gusto por la literatura, de cualquier tipo, no se puede hacer nada para que lea. No juzga que la literatura sea util o necesaria, ni socialmente ni para su enriquecimiento personal. Con un poco de suerte leerá el periódico por internet, las revistas del corazón o alguna publicación de estilo que le permita contribuir a una charla. Este tipo de no-lector es relativamente inofensivo. No es el caso del no-lector especializado, que se revela como uno de los tipos más alarmantes. Entre ellos se encuentran los escritores jóvenes cuyo oficio proviene del estilo de vida más o menos cool de los literatos y no de su amor por la literatura. No leen nada que no confirme que lo que escriben es novedoso y revolucionario. Por lo mismo suelen leerse entre ellos y afirman estar cambiando el rumbo de nuestras letras. No persiguen su gusto a través del tiempo e ignoran lo que critican. Se ofenden si se les sugiere la lectura de un autor que logró lo que se proponen desde 1948 o si se les señala que su supuesto verso sin prosodia es un octosílabo coplero. No es raro que un no-lector especializado haya escrito más libros de los que ha leído. Lo más nocivo de este no-lectores que contribuye significativamente a confirmar la inutilidad de la literatura que abanderan los no-lectores militantes generales.

Finalmente llegamos al “no-lector político” que tanto ha ocupado a los internautas en fechas recientes debido a la pifia del pre-copete presidencial en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Pero no sólo fue Peña Nieto. Cordero también se echó una después y López Obrador no conoce muy bien lo que promueve en la Cartilla Moral, de Alfonso Reyes (como evidenció Guillermo Sheridan en su blog). Este tipo de no-lector, digamos, “presidenciable”, no resulta tan preocupante. En una sociedad moderna, según pretendemos ser, no se puede esperar, ni es deseable que el presidente sea un sabio enciclopédico que cuestione cada decisión desde un punto de vista filosófico y literario. Las excepciones son pocas. Vamos, desde Weber se considera al gobernante como un diletante respaldado por un aparato burocrático especializado. En este sentido es verdaderamente preocupante que los precandidatos presidenciales se rodeen de “no-lectores burocráticos” que no sepan asesorarlos de manera correcta para responder preguntas tan sencillas, en el caso de Peña Nieto y Cordero, o señalarles el fascismo velado de la Cartilla Moral en el caso del Peje. En una conversación reciente con una de las personas encargadas de diseñar la imagen de campaña de Cordero (conocencia que me hace tremer al confesar) me decía orgullosamente que en el año en curso sólo había leído dos libros y que uno de ellos era un manual para entrenar a su recién rescatado perro. Ni leer, pero, ¿cómo asesorarán estos no-lectores burocráticos a los no-lectores presidenciables sobre cosas que verdaderamente importan?

Consterna, además, que los precandidatos no tengan la inteligencia o por lo menos el oficio político para darle la vuelta a sencillas preguntas sobre la lectura. En la clase de “Comentario de Textos” de la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, hace más años de los que quisiera recordar, había un compañero que nunca leía. Tanto, que lo apodábamos el no-lector. Nunca leía la crónica de Altamirano o la carta de relación de Cortés que había quedado de tarea. Sin embargo, levantaba la mano, confesaba que no había leído el texto, y procedía a refutar la refutación que un compañero había hecho al comentario de otro compañero. Yo por él si votaba.


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Amiguismo y carencias minan bibliotecas


De Jesús Alejo
Octubre 2011




Dejar de funcionar como espacios para las tareas escolares y convertirse en centros de cultura, superar favoritismos y alcanzar el desarrollo tecnológico, son algunos de los retos que enfrentan esos acervos públicos en México.

Las bibliotecas públicas prácticamente nacieron para ser espacios de consulta de libros durante la realización de las tareas escolares; sin embargo, ante las nuevas condiciones en la misma sociedad, esos espacios fueron rebasados y se enfrentan a un reto que va contra su origen: transformarse en centros de difusión cultural.

De acuerdo con el escritor e investigador Juan Domingo Argüelles, las bibliotecas públicas en México tienen distintas condiciones, sobre todo a partir de sus características físicas: entre las más de siete mil bibliotecas hay lugares muy pequeños, que tienen un acervo elemental, y otras con un mayor desarrollo, “en donde podríamos hablar de bibliotecas que cumplen con la posibilidad de dar algo más que el simple préstamo bibliotecario para el estudiante.

“Se necesita que tengan una vocación mayor que el lugar donde se hacen las tareas: que sean espacios de lectura, centros de consulta con los diferentes servicios electrónicos y un espacio cultural, a fin de convertirlas en un punto de contacto social.”

En ello coincidió el presidente de la Asociación Mexicana de Bibliotecarios (AMBAC), Óscar Saavedra, para quien el objetivo primordial de una biblioteca pública es satisfacer las necesidades de información que la sociedad requiere para funcionar adecuadamente, algo que logra la gran mayoría de espacios, aunque “obviamente si comparamos con otros países de mayor desarrollo aún nos falta mucho.

“La apuesta es que la biblioteca no sólo se vea como este templo del saber, que contiene las colecciones impresas o electrónicas para fortalecer la lectura, sino que a través de actividades culturales se llame la atención hacia los libros.”



Mejorar infraestructura

Después de la inauguración del 11 Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, el presidente de la AMBAC destacó la importancia de propiciar la capacitación del bibliotecario, a fin de que su trabajo sea mejor percibido por la sociedad, al tiempo de propiciar que desde los gobiernos estatales y municipales se tengan un mayor respeto hacia su labor, porque “uno de los problemas que seguimos enfrentando en el país es que cada tres años los municipios se reinventan y se designan nuevos bibliotecarios, casi siempre entre los amigos”.

El Congreso realizado en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco tiene como finalidad el diseño de estrategias para la mejora en los servicios de las  más de 7 mil 300 bibliotecas públicas del país.

En el acto de inauguración, la presidenta del Conaculta, Consuelo Sáizar, reiteró la intención de dotar de nuevas tecnologías a la red, para lo cual la Biblioteca Vasconcelos se convertirá en el gran cerebro electrónico.

En ese sentido, Argüelles llamó a pensar el tema, porque dadas “las carencias que pueden tener algunas bibliotecas en cuanto a infraestructura y a servicios, habría que pensar en no llevar tuberías a donde no hubiera agua, lo que suele pasar”.

Así que, precisó, “donde no existe la posibilidad de dar ese servicio habría que plantear la mejoría de la infraestructura bibliotecaria antes que pensar que todas pueden estar preparadas para las nuevas tecnologías, como que puedan estar en red.”



Capacitación a bibliotecarios

Como parte del programa de desarrollo tecnológico impulsado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través de la Dirección General de Bibliotecas, el 11 Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas tienen como eje la capacitación de los bibliotecarios, para lo cual se desarrolló “un modelo de formación integral que responda a sus retos y a las exigencias de las bibliotecas públicas del siglo XXI”, a decir de Consuelo Sáizar, presidenta del Conaculta.

“Mediante este innovador modelo de capacitación, los más de 15 mil bibliotecarios de la red nacional tienen la posibilidad de obtener el aval académico de la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía, institución académica con amplio prestigio en la formación de bibliotecarios y archivistas”, destacó la funcionaria.

En la ceremonia de inauguración del congreso, Mario Delgado, secretario de Educación del Gobierno del Distrito Federal, destacó la importancia de abrir los espacios públicos para la lectura, siendo una de las grandes tareas fomentar el hábito entre todos, “por lo que promovemos que en cada colonia, en cada barrio, exista un club de lectura”.



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Profundiza la UNAM en el estudio de la lectura en la primera infancia


  • La sociedad ha vuelto invisibles a los bebés al considerarlos sólo como un manojo de necesidades, señala la especialista Eva Jánovitz

  • Debemos verlos a los ojos y no menospreciar su inteligencia



De Mónica Mateos-Vega ®
Periódico La Jornada
Martes 18 de octubre de 2011, p. 4


¿Bebés lectores? Sí. Y mientras más pequeños se inicien en la maravillosa experiencia de la lectura, incluso desde el vientre materno, mejor.

Con la finalidad de reflexionar en torno a esta idea, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por conducto del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF), de nuevo toma la iniciativa con proyectos de vanguardia para el fomento de la lectura en el país.

El 26 de octubre comenzará en el IIF el primer diplomado Lectura en primera infancia, dirigido a profesionales dedicados a la atención de niños entre 0 y 6 años. En el curso se profundizará en el estudio de la lectura en primera infancia, desde enfoques pedagógicos, lingüísticos, literarios, síquicos y sicológicos.

Se busca, sobre todo, dirigir el análisis y el estudio a la práctica educativa de los asistentes, mediante cinco módulos que abordarán los siguientes temas: El niño en primera infancia; La lengua: cultura, estructura y léxico; ¿Qué es leer?; Literatura para los más pequeños; y Estrategias y espacios de encuentro con la cultura escrita.

El curso académico es coordinado por Aurelia Vargas Valencia, directora del instituto; Tsitsiki Olivares, y Eva Jánovitz, quien, en entrevista con La Jornada, explica: “La sociedad ha vuelto invisibles a los bebés por creer que en esta etapa las personas somos sólo un manojo de necesidades básicas, lo cual es todo lo contrario, como demuestran diversos estudios científicos".

“El diplomado se sustenta, justamente, con enfoques e investigaciones que determinan que de los 0 a los 6 años es cuando se construyen los cimientos del ser humano. El encuentro es un acto de justicia para con los más pequeños.

Se piensa que la estimulación temprana se refiere sólo a trabajar físicamente con el bebé, pero se ha descubierto que el cerebro requiere también estimulación, y en ello el lenguaje tiene un papel fundamental, pues brinda la posibilidad de desarrollar y poner a actuar un montón de neuronas.

Jánovitz, con más de 15 años de experiencia en la promoción de la lectura y pionera en el trabajo con bebés lectores, señala que no es únicamente el lenguaje de lo cotidiano, sino el poético o el relato, lo que debe compartirse con los infantes.

“La literatura ocupa un lugar fundamental en la creación del vínculo niño-adulto, pues está cargada de afectividad y hace posible que madre e hijo establezcan una comunicación muy profunda. Es un absurdo ver a la lectura sólo como el proceso de juntar letras; entendemos mal lo que signifi-ca lectura, pues resulta que ésta empieza, en un sentido más amplio, desde que el bebé se encuentra en el seno materno."

El bebé lee al mundo a través de lo que percibe y empieza a interactuar con el medio. Se sabe ya que a partir de los cuatro meses de gestación el único órgano completamente desarrollado es el oído; entonces el bebé responde ya a la voz materna. La lectura tiene que ver con la adquisición del lenguaje; no podríamos leer y escribir si no hubiera una apropiación de la lengua oral.

Pero si la lectura transforma bebés en seres humanos más sensibles e inteligentes, la experiencia de compartir con ellos la lectura es aún más esperanzadora, pues es capaz de transformar también a los adultos, añade Eva.

“Quien no fue lector de niño tiene una segunda oportunidad al compartir la experiencia con sus hijos pequeños. Además, nunca un adulto tiene más disposición de estar con los niños que en la primera etapa de su vida, en la cual hay mucha sensibilidad, están abiertos los poros afectivos. Mi gran esperanza es que así paremos la locura de los adultos.

Hay que mirar a los ojos a los bebés, no menospreciar su inteligencia, y si bien no se sabe qué entienden, hay que confiar en ellos, pues no se trata de entablar una relación de control, sino de confianza. Se trata de realizar un esfuerzo leve, con experiencias que no requieren la inversión de mucho tiempo. Y, ojo, no se trata de enseñar a leer a un niño de tres años; eso lo harán cuando esté maduro y tenga las experiencias necesarias, concluye.

Este encuentro académico se realiza después de la exitosa experiencia del diplomado La literatura infantil: una puerta a la lectura, el cual lleva ya dos ediciones, también auspiciado por el Instituto de Investigaciones Filológicas (La Jornada, 10/9/10).




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El retorno de Homero

De Guillermo Sheridan. ®

Ya he comentado, contrito, el intrigante desdén que el mexicano promedio muestra hacia los libros, a partir de un estudio de la OCDE que mostraba que el compatriotaje lee un promedio de 2.8 libros al año y que el 40% no ha puesto jamás los pies en una librería.

Una reciente invitación de la SEP a discutir los problemas de la lectura en México me llevó a preguntarme si las abundantes iniciativas, heroicas algunas, para crear lectores; si las ferias de libros que se multiplican, servirán para algo más que consolar las buenas intenciones. El tema “la crisis de la lectura en México” es un tema que, quizás, ha sustituido al tema “la lectura en México”: discutir por qué no se lee ha generado una suerte de industria paralela, quizás más productiva que la de la lectura.

“Lo que este país necesita es ponerse a leer La Iliada”, le dijo famosamente José Vasconcelos al general Obregón. Qué ocurrencia conmovedora y extraña la de ese cerebro misionero y prodigioso, ese sistema de ideas fantásticas, soberbia prosa y militancias contradictorias que fue Vasconcelos, para quien la necesidad de “desanalfabetizar” a México y ponerlo a leer fue una “emergencia histórica”.

Al frente de la SEP, como es de todos sabido, puso manos a la obra y calculó una colección de cien títulos que habrían de servir para conducir a los mexicanos hacia la igualdad y la libertad. De la mano de –entre otros– Esquilo, Eurípides, Platón, Dante, Goethe y, desde luego, Homero, el mexicano accedería a la conciencia de pertenecer a la cultura de occidente.

Muchos, en 1921, se burlaron de la empresa y la consideraron utópica, poco práctica y hasta delirante. Quizás tenían razón, aunque… ¿no son acaso las causas imposibles las únicas que valen el esfuerzo? Vasconcelos tachó a sus críticos de “intelectualillos despechados” y tuvo que defenderse, y a su proyecto, denodadamente. (Otros proyectos editoriales de su invención, revistas culturales y lecturas para niños, corrieron con mejor suerte, claro, como puede leerse en el libro de 1989 de mi querido amigo Claude Fell, Los años del águila pp. 479 y ss.)

El proyecto de Vasconcelos se detuvo a poco de iniciar su camino, pero alcanzó 17 títulos. Años después, en El desastre, un tomo de sus fascinantes memorias, Vasconcelos resumiría el revés con estas palabras proféticas que quizás avisoraban a la futura dueña de la educación nacional: “Así fallan, oh Patria, los esfuerzos de tus hijos mejores, aplastados por la política que otorga mando a los imbéciles y malvados”.

La cosa es que aquellos legendarios “libros verdes” de Vasconcelos reviven hoy en una hermosa edición facsimilar, publicados por el Fondo de Cultura Económica, la UNAM y la SEP. Vasconcelos mandó tirar 25 mil ejemplares de cada uno de aquellos volúmenes. El tiraje de esta edición conmemorativa, pragmático y realista, es infinitamente menor.

En 1921, Vasconcelos quiso acercar a los mexicanos a Homero. Luego de 40 años de impartir clases y 30 de escribir libros no deja de divertirme que, para el 99.9% de mis compatriotas, Homero sea ya una figura icónica, cotidiana y necesaria. A condición, va sin decirlo, de que anteceda al apellido Simpson.

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Agradecemos a Berenice Cardeña que nos mandará este valioso texto en un correo electrónico.


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10 mandamientos para odiar la lectura



®Por Mercedes Falconí Ramos

1- Lee, no mires televisión.

2- Yo leería libros muy extensos, si tuviera tiempo libre.

3- Como sigas así de mal portado, te mando a la biblioteca.

4- Desarrolla tu agudeza, dame del libro el resumen.

5- El libro es educación, nada de juego y recreación.

6- Lee, libros de conocimiento, no sólo cuentos.

7- Lee para que aprendas gramática y redacción.

8- Los libros son la verdad, los comics, violencia y maldad.

9- No debes jugar, lee un libro y a no molestar.

10- Saca niño una moraleja: todo libro una lección deja.



Recuerden que la lectura por placer no se enseña, se contagia.



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Mercedes Falconí Ramos, psicóloga y directora del Centro Ecuatoriano de Literatura
Infantil, sobre este tema concluye “a los niños, en resumen, no les interesan las técnicas.
Ni las carpinterías, ni los análisis literarios. No entender esto es levantar muros académicos
en la ciudadela de la creación. Es ponerle puertas al campo. Es separar con el frío alambre
erudito y pedagógico, los territorios de lo mágico. Acciones que finalmente terminan
aislando al niño del libro y la lectura.

¿Es el transporte público la mejor sala de lectura?



® Por María José S. Mayo

www.elconfidencial.com
http://www.blogger.com/img/blank.gif


Para cualquiera puede resultar más que llamativo ver en las grandes ciudades numerosos lectores instalados en todos los rincones del metro o autobuses. Y es la sociedad moderna, llena de prisas y falta de tiempo libre, obliga a que la lectura tenga poco espacio en nuestras vidas. Por eso, el trayecto hacia el trabajo es para algunos casi el único momento que dedican al buen arte de leer. ¿Y qué lee la gente? Hay sitio para todo, si bien hay títulos que realmente copan los primeros puestos. Cualquier persona un poco observadora no necesitaba consultar la lista de los más vendidos para saber de la popularidad de libros como El curioso incidente de un perro a medianoche, El niño del pijama de rayas, Ángeles y demonios, y, cómo no, la trilogía Millenium, una auténtica plaga. También del boom de Ildefonso Falcones y La Catedral del mar, o de El capitán Alatriste, y Ken Follet y Los pilares de la tierra y sucesivos.

Muy atentos a todo esto han surgido propuestas interesantes. Una de ellas la de la empresa Vending Books, que ha instalado en varias estaciones de cercanías de Madrid algunas de sus máquinas expendedoras de libros. Paco Valtierra, propietario de la empresa, nos cuenta que lo que más se vende es, sin duda, el humor, la autoayuda sexual –tema favorecido por el anonimato del comprador que preserva la máquina-, cosas de Pablo Motos, y, por supuesto, best-sellers como El niño del pijama de rayas. Entre sus hits el precio bajo es el que manda, por eso los tres euros fueron realmente tentadores en el caso de Adelgaza mientras duermes y un cuento bilingüe de Carmen Posadas, El mercader de los sueños.

“A pesar de que es un negocio, intentamos incluir, por ejemplo, novela romántica o negra, porque aunque su venta es menor, es cierto que tiene su público”, dice Valtierra. Igualmente han dedicado su pequeña parcela a algún clásico como El guardián entre el centeno o Romeo y Julieta, escogiendo siempre muy bien las ediciones y sus portadas, ya que “es una venta por impulso”. Eso sí, da por hecho que sus beneficios nunca serán los de las máquinas de comida y bebida.


Relatos para trayectos cortos

La progresiva asunción de los transportes públicos como salas de lectura improvisadas ha llevado a que incluso muchos libros se conciban para tal propósito. Uno de los más exitosos y con una cuidada selección de relatos es Cuentos breves para leer en el bus (Belaqva), en el que se incluía a grandes autores clásicos como Poe, Chéjov o Kafka, y que tuvo su continuación en Cuentos breves para seguir leyendo en el bus. Otra aportación es la de Cuentos breves para ir y venir (Punto de lectura), más centrado en autores hispanos como Cortázar, Monterroso o Pérez-Reverte.

Otro buen indicador de esta tendencia es la presencia en metros (como el de Madrid) de pequeñas bibliotecas: los Bibliometros. Con un promedio de 1.000 lectores por mes, su pequeño y seleccionado catálogo está desde luego muy influido por las listas de ventas. Entre los más prestados se encuentran La soledad de los números primos, o El lector, recuperado con ayuda de la película de Kate Winslet. Arturo Pérez-Reverte sigue siendo un valor seguro, mientras que el mencionado El curioso incidente del perro, todavía sigue dando qué hablar.

Por todas estas razones hay que reconocer que darse una vuelta por los metros y autobuses de las grandes ciudades se ha convertido en una buena manera de saber lo que se lee en nuestro país. Y si bien la cosa no suele salir de sota, caballo y rey, hay veces que resulta de lo más edificante descubrir a alguien ensimismado en ese libro que en su día te cautivó y que no es tan conocido. Buen ejercicio éste de leer en el bus. Buena cosa, en definitiva, lo de hacer un doble viaje.


FUENTE:




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Decálogo para odiar la lectura.

Los metodos inadecuados pueden hacer que los niños, o cualquier persona termine odiando la lectura.

Muestra de ello, es este resumen de 10 puntos en los cuales se enumeran los más frecuentes e inadecuados metodos que usan los promotores de lectura, docentes y padres de familia. Este decálogo fue realizado por la psicóloga y pedagoga ecuatoriana Mercedes Falconí Ramos, directora del Centro Ecuatoriano de Literatura Infantil y Juvenil (Cedlij) y del Centro Infantil Mi Pequeño Toqui.

Falconí entrevisto a un grupo de niños de niños que tenian aversión a la lectura; habló con ellos, con sus padres y con sus profesores y analizó las órdenes o técnicas que estos últimos emplean para crear el hábito. En esto encontró diez errores principales.

Con ellos redactó 10 mandamientos , que fueron publicados inicialmente por una revista argentina de educación y que en Colombia fueron editados en un minilibro por la Biblioteca Infantil de Colsubsidio.





El DECÁLOGO.

1. Lee, no veas televisión.

2. Lee, así aprendes redacción y ortografía.

3. Lee libros, no cómics, que son solo violencia.

4. Lee libros de conocimiento, no simples cuentos.

5. Saca la moraleja, todo libro deja una lección.

6. Haz el resumen del libro.

7. No jueges, lee un libro.

8. El libro es para educar, no para jugar.

9. Si sigues con esas notas, te mando a la biblioteca.

10. Yo leería si tuviera tiempo.






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Acusan en Neza cancelación de programa de lectura


A menos de 30 días de que inició la nueva administración municipal, las autoridades priístas cancelaron el programa Literatura siempre alerta, impulsado por ex funcionarios perredistas, que fomentó el hábito de la lectura entre los mil 300 policías, bomberos y rescatistas, y que le dio reconocimiento nacional e internacional.

El escritor Juan Hernández Luna, ganador en el 2007 del premio Dashiell Hammett y creador del proyecto literario en abril del 2005, lamentó que el nuevo ayuntamiento haya suspendido el plan que en el 2008 fue calificado por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) como uno de los mejores programas a nivel mundial.

En tanto, el director de la Policía Municipal, Víctor Alejo Muñoz, aseguró que el proyecto literario no se cancelará, “sólo cambiará de nombre” y que ahora se hará “con orden”.

En conferencia de prensa, el primer coordinador de Literatura siempre alerta, Roberto Pérez Ortiz, aseguró que los policías leyeron en casi cuatro años y medio que duró el proyecto obras de más de 80 autores nacionales e internacionales.

Gabriel García Márquez, Miguel de Cervantes Saavedra, Juan Rulfo, Manuel Payno, Edgar Alan Poe, Arthur Conan Doyle, Paco Ignacio Taibo II, Felipe Garrido y Juan Villoro, entre otros, fueron algunos de los escritores consultados por los elementos.

La Academia Mexicana de la Lengua otorgó un reconocimiento al proyecto literario que fue alabado también por Scotland Yard – la policía inglesa-, Colombia, Chile, Argentina, Alemania, España y Estados Unidos, destacó Pérez Ortiz.

Incluso, congresistas de la Unión Americana se interesaron en incluir en el Plan Mérida el programa Literatura Siempre Alerta, porque este método de capacitación, a través de la literatura y la lectura, permite que los policías construyan una carrera auténticamente policial, que les permita desarrollarse con honestidad y convicción, dijeron.

Uno de los mayores logros, manifestó Juan Hernández, fue que gracias al proyecto literario se lograron reducir los índices delictivos en el municipio.

Por su parte, Alejo Muñoz, afirmó que el programa continuará, pero con otras personas coordinándolo, porque el equipo que lo integraba “sólo querían cobrar sin trabajar”.

El ayuntamiento editó 11 libros y distribuyó 22 mil copias entre la corporación.

Durante la conferencia de prensa fue leída una carta del escritor Paco Ignacio Taibo II, otro de los impulsores del proyecto, quien tituló su misiva “Que regrese Cortazar, los policías te necesitamos”

LIBROS-MÉXICO: Lectura con avances tecnológicos




Emilio Godoy.©

MÉXICO, 10 sep (IPS) - Los programas estatales y privados de promoción de la lectura deben incorporar los cambios en el mundo editorial, especialmente los derivados de los avances tecnológicos, apuntaron expertos en el Encuentro Internacional sobre el Mundo del Libro que desde el lunes se desarrolla en la capital mexicana.


"Nuestro reto será superar la brecha digital y en el ámbito de la lectura hay que construir catálogos digitales, establecer bibliotecas digitales y proteger los derechos de autor", dijo, en el segundo día del foro, el colombiano Fernando Zapata, director del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el Caribe, España y Portugal.

Esa instancia, fundada en 1971 y adscrita a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, ha llevado a cabo 339 proyectos de promoción de la lectura, 98 investigaciones e invertido 20,8 millones de dólares en la ejecución de su programa técnico de 2009.

"No es difícil convenir en que la situación actual del libro está marcada por los cambios, tecnológicos y otros derivados del cambio de hábitos de consumo, sociales, culturales", sostuvo, a su turno, el español Emiliano Martínez, presidente del Consejo de Administración de la editorial transnacional española Santillana, una de las más importantes del mundo hispano.

Organizado por la editorial estatal mexicana Fondo de Cultura Económica (FCE), esta actividad reunió hasta este jueves a editores, autores, libreros, bibliotecarios y otros profesionales del libro en la celebración de los 75 años de constitución de esa casa editorial.

El intelectual mexicano Daniel Cosío y un grupo de pensadores fundaron el FCE el 3 de septiembre de 1934, con el objetivo de crear una biblioteca básica en español. Más de siete décadas después, el Fondo cuenta con 23 librerías en todo el país y presencia en Estados Unidos, Guatemala, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Venezuela y España.

A lo largo de su historia, ha publicado 9.000 títulos en más de 100 colecciones, de los cuales unos 4.000 aún permanecen en circulación.

"No leemos cuando terminamos con la escuela. Los programas de seguimiento no tienen la escala para mantener a los adultos en la lectura", analizó la editora y escritora Laura Pacheco, directora de Publicaciones del oficial Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

En cuestión de lectura, México, con 105 millones de habitantes, vive una paradoja. Sus pobladores leen en promedio menos de dos libros anuales y hay una librería por cada 100.000 personas, una tasa baja comparada con otras naciones latinoamericanas.

Pero México cuenta con más de 7.000 bibliotecas públicas y 60.000 escolares. Además, Conaculta tiene salas de lectura que reciben unas 100.000 visitas mensuales. Aunado a ello, unas 500 ferias del libro se organizan cada año en el país, cada una de las cuales acoge una media de unos 200.000 asistentes.

"La cultura del libro no va a desaparecer, por el tipo de prácticas reflexivas que implica, y va a seguir siendo el corazón de la vida pública. Ha cambiado la estructura del mercado del libro y, con eso, sus contenidos", sostuvo Fernando Escalante, profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

"Si Latinoamérica no subraya en el contenido de sus políticas los aspectos que tengan que ver con la lectura, la demanda interna se mantendrá estática. Y si todas sus acciones son hechas sólo en fomento de la lectura, desatenderá la generación de contenidos y la demanda generada no podrá ser atendida de manera satisfactoria", manifestó Zapata.

Catorce países americanos han aprobado leyes del libro y otros tantos cuentan con conejos oficiales de lectura. Pero si algo está impactando el universo librero y sus satélites, eso es la entrada de la tecnología en sus anaqueles.

"El gran cambio que marcará el futuro será el tecnológico y los desafíos que entraña la edición digital. Los lectores electrónicos son un receptor de la obra que permite leerlas, si no con la misma comodidad del libro, sí con mucha más facilidad que la ofrecida por la computadora. Además, facilita el esencial proceso de recibir la obra deseada", previó Martínez.

Los lectores de libros digitales ya circulan en el mercado, aunque su grado de penetración todavía es modesto. En paralelo, las redes sociales electrónicas, como Facebook y Twitter, pueden aportar en la difusión de los autores y sus obras.

"Quisiéramos que los escritores mexicanos estuvieran en Twitter y que interactuaran con los usuarios. Estamos ante una verdadera oportunidad para llevar los libros a la vida cotidiana de la gente", instó Pacheco.

Aún en estado incipiente, la digitalización de las obras escritas parece ser la vía del futuro. El buscador Google ha creado una base de datos compuesta por millones de volúmenes de los fondos de 30 bibliotecas de todo el mundo, una suerte de biblioteca digital como la que imaginó el escritor argentino Jorge Luís Borges y que ha sido inmortalizada en películas como "El nombre de la rosa".

Pero autoridades judiciales estadounidenses determinaron que Google debe reconocer los derechos de autor de muchos de los tomos, un esquema que pronto podría reproducirse en Europa.

En ese sentido, el estadounidense Robert Darnton, director de la Red de Bibliotecas de la Universidad de Harvard, planteó un intercambio electrónico de documentos y la unión de los catálogos de las bibliotecas públicas, para crear una del tipo digital internacional.

"Digitalizar y democratizar no es una fórmula fácil, pero es la única que va a funcionar si realmente queremos realizar el ideal de una república de las letras y no considerar esto únicamente una utopía sin esperanza", expresó Darnton el lunes en su conferencia magistral "Las bibliotecas y el futuro digital", que inauguró el Encuentro Internacional.

Para Zapata, puede haber un entendimiento entre el deseo de un lector de acceder a los materiales y el del autor de ver protegidos sus derechos sobre sus obras.


(FIN/2009)


ELIANA YUNES


Eliana Yunes nació en Río de Janeiro, Brasil, cursó estudios de filosofía y se especializo en literatura infantil por la Universidad Complutense de Madrid. Cuenta con una maestría en lingüistica, un doctorado en licenciatura brasileña y un posdoctorado en literatura universal.Especialista en fomento de la lectura y el libro. Promotora de políticas públicas, diseño y difusión de programas de lectura. Ha sido consultora y asesora de organismos internacionales, entre ellos la UNISEF. Imparte la cátedra UNESCO de Lectura de Brasil.



[...]
una pequeña institución puede emprender una acción articuladora de voluntades que reconozcan la necesidad de la promoción de lectores; en realidad, queriendo ciudades mejores, medio ambiente más cuidado, salud más protegida, aparte de más libros leídos y de mejor y más grande producción cultural. Reunidas algunas instituciones en comisión coordinada, con distribución y repartición de actuaciones definidas en común acuerdo y apoyados entre sí, existen ventajas de orden económico, de orden educa- tivo-cultural y social. Veamos: • Un mismo “programa” puede divulgar simultáneamente varias acciones de promoción de lectura en dife- rentes espacios y horarios para distintos públicos, envolviendo distintos lenguajes. • Los acervos existentes pueden ser colocados en circulación, en bloques de lecturas temáticas, de acuerdo con las oportunidades traídas históricamente y no apenas por fechas magnas, pero sí según las circuns- tancias de la comunidad. • Toda la comunidad puede organizar actividades lectoras, como un programa de cultura, entre cine, música, libros, contadores de historias, poetas, así como también discusión de medidas que afectan las decisiones de interés común. • Los recursos pueden ser recolectados y compartidos en un plan común, envolviendo hasta los costos de reunión de otros agentes, especialistas de otras localidades y países. • Debe realizarse un encuentro anual para la presentación de los reportes de actividades, de la evolución de los trabajos, corrección de las decisiones y de los rumbos alterados en el propio proceso de imple- mentación de las acciones. • La organización local se presentará como contrapartida de inversión, que los gobiernos estatal y nacional necesitan tener en cuenta en un plan articulado para todo el país. • La acción debe tener visibilidad en los medios de divulgación locales, noticieros y periódicos, acompa- ñando para el público el trabajo, de tal manera que contagie a otras comunidades y garantice el apoyo gubernamental. • Los libros pueden estar en todas partes, desde consultorios médicos (que en general, solo tienen revistas con chismes de la farándula y de los famosos), hasta restaurantes, donde una carta con cuentos puede acompañar la de los platos. Lo fundamental es una amplia y permanente formación de personas que vivan la práctica de la lectura en los espacios más diversos y en el uso de distintos lenguajes. Claro está, que hacer política a partir de la sociedad civil es algo que se perdió con los griegos, sin embargo, es posible recuperar la práctica, cuando verdaderamente se quiere alcanzar un objetivo y se decide planear, cuidar estrategias y viabilizar, en común, un interés que envuelve la población como un todo.
[...]


Salas de Lectura en la XLIX Feria del Libro Verano 2009


Por primera vez y gracias a la invitación del Mtro. Jorge Cortés Ancona, Subdirector General de de Literatura y Promoción Editorial del Instituto de Cultura de Yucatán, los coordinadores y personal de la Coordinación Operativa del Programa Nacional de salas de lectura en Yucatán: Claudia González Santos, Grisel Riverón Castro, Ivi May, Guadalupe Solís, Dulce Lopez y Wilma López estuvieron en el módulo del ICY en la XLIX Feria del Libro Verano 2009 que se llevó a cabo del 7 al 16 de agosto en los corredores del Palacio Municipal de Mérida, donde, además de apoyar en la venta de libros, hicieron una labor de promoción del programa entre el público asistente.

La respuesta fue buena, se repartieron más de 80 trípticos y 150 volantes, acción que trajo como consecuencia que se recibieran varios correos por parte de los asistentes interesados en el programa, así como más visitas al blog y comentarios de la gente que preguntaban sobre el PNSLY. Entre las preguntas frecuentes se encontraban cómo ser parte de salas de lectura, además de felicitaciones por la labor que realizamos, por supuesto, las sugerencias no podían faltar, pero la constante fue promocionar más el PNSLY.

Se pudo ver que no hubo colaboración por parte de los demás coordinadores de salas de lectura, cosa que es lamentable, ya que eso podría generar que se piense que no existe interés del programa en este tipo de actividades.

El hecho de que esta evasión de responsabilidad sucediera, puede derivar de muchos factores, pero independientemente de éstos, los coordinadores desperdiciaron un inigualable espacio de promoción para sus salas, además de una oportunidad para acercarse al lector.

Una de las peticiones frecuentes que se ha hecho a la coordinación del PNSLY es la apertura de espacios para promocionar el programa y las diversas salas, pero ¿Qué pasa cuando se presentan estos espacios y no son aprovechados? Ustedes como coordinadores tienen la respuesta.

Por lo pronto les dejamos algunas imágenes.

Teoría impertinente de la lectura





Cada lector se ha formado gracias a las palabras de muchos autores, que también llegaron a conocerse a sí mismos cuando organizaron sus palabras, sus ideas y sus sentimientos para establecer un diálogo con sus lectores.

LUIS GARCÍA MONTERO

16/08/2009

Es agosto y la playa está llena de gente. Observo a mi hija mientras lee tumbada en una hamaca, en medio de los gritos, los bañistas, los paseantes, las cometas y los vendedores de patatas fritas. El acto de leer delimita para ella un espacio propio, un reino singular de soledad y absoluta pertenencia. Siento lo mismo que cuando veo a alguien leer en el metro, en los aeropuertos o en el banco de una plaza. Aunque soy de los que prefiere refugiarse en el ámbito de una butaca familiar, reconozco la sigilosa intimidad que traza las fronteras personales del lector callejero entre la multitud.

Mi hija está allí con una certeza impertinente, con una autoridad singular que desafía al mundo. Lo curioso es que también sé que no está allí. Como yo le he dejado el libro en el que ahora vive, estoy convencido de que se encuentra en Venecia, observando con ojos de persona mayor la belleza de un adolescente.


La verdad es que resulta curiosa la afortunada flexibilidad de los asuntos reales. Mis ojos de hombre maduro observan en una playa de Andalucía la belleza de una adolescente que reafirma con una misteriosa autoridad su presencia, su forma de estar aquí, mientras se encuentra muy lejos, en otro mar, observando con ojos de persona mayor los baños de un adolescente.

A veces siento que el ser humano no se caracteriza por su capacidad de pensar, sino por su capacidad de dividirse, de hacerse presente o de borrarse según las necesidades de su deseo y su conciencia. Por eso me parece decisiva la operación de leer como metáfora de una reivindicación decente de la modernidad. Copio unas palabras de Edward W. Said, de su libro Humanismo y crítica democrática (Debate, 2008): "La realidad de la lectura es, ante todo, un acto de emancipación e ilustración humana, quizá modesto, pero que transforma y realza nuestro conocimiento en aras de algo diferente del reduccionismo, el cinismo o el estéril mantenerse al margen".

Las formas del dogmatismo actual, más allá de las ideologías totalitarias, tienen mucho que ver con la reducción de los matices del mundo a breves titulares que sirven para imponer opiniones y simplificar la realidad, haciendo imposible un verdadero uso de la conciencia individual. Los dogmas de hoy dependen con frecuencia de las nuevas velocidades de la información. La invitación al cinismo, el deseo de relativizarlo todo, suele ser el camino de las inteligencias que juegan a destruir las ilusiones colectivas.

Como hacía el poeta Campoamor contra el liberalismo romántico, los cínicos, más que defender sus ideas reaccionarias, se limitan a ridiculizar las apuestas optimistas. Confieso que el cinismo, como disfraz del pensamiento reaccionario, me molesta incluso más que la pretendida pureza de los que se mantienen al margen y se lavan las manos. A los puros, es decir, a los inquisidores actuales, no les preparan el terreno los sacerdotes, sino el cinismo.

No es, por tanto, asunto menor la reivindicación de la lectura si sirve para defender la emancipación humana en contra de los dogmáticos, los cínicos y los puros. Hay que tomarse en serio una pasión de entrega atenta a las palabras del otro, que tiene como resultado último la confirmación independiente de la realidad personal. Observo a mi hija mientras lee. Está aquí y en otro lugar, es ella más que nunca, porque descubre sus sentimientos, y es al mismo tiempo otro. Cada lector se ha formado gracias a las palabras de muchos autores, que también llegaron a conocerse a sí mismos cuando organizaron sus palabras, sus ideas y sus sentimientos para establecer un diálogo con sus lectores. ¿A qué se parecen las operaciones de leer y escribir? A ponerse en el lugar del otro, quiero decir, por ejemplo, a cuidar a una hija o a un familiar enfermo. Sólo descubrimos lo que hay en nosotros mismos cuando nos desdoblamos para cuidar al otro.

Bernhard Schlink contó en su novela El lector la historia de un adolescente alemán que vivió una historia apasionada de amor con una mujer madura. Todos los días, antes de ir a la cama, la mujer le pedía a su joven amante que leyese en voz alta algunas páginas de un libro. Rota la historia de amor y pasados los años, el protagonista de la novela, ya estudiante de Derecho, se reencuentra por sorpresa con su antigua amante en un juicio, acusada de haber participado en uno de los horrendos crímenes del nazismo. La práctica jurídica adquiere entonces para el estudiante otra dimensión. No justifica de ninguna manera un crimen que lo conmociona por dentro, pero tampoco puede limitarse a juzgar desde fuera. El lector necesita comprender lo ocurrido, meterse en el drama, ponerse en el lugar del otro.

Nos ponemos muy pesados con nuestras identidades. Parece que no hay términos medios. Cuando no pretendemos imponer nuestras identidades como marco único de la totalidad, nos vamos al extremo contrario y diluimos nuestra conciencia individual en el mar ideológico de un todo que fijan las consignas y las costumbres de los otros. Por eso es decisiva la metáfora en la lectura, el sigilo con el que mi hija aprende a borrarse un poco para estar en la ciudad de sus personajes, sin renunciar a ella misma, descubriendo su propio rostro en las aguas de Venecia. Ninguna operación me recuerda tanto a la apuesta del contrato social, la otra metáfora con la que el pensamiento moderno quiso organizar los intereses privado y los públicos, las identidades y los vínculos.

La pérdida de prestigio social de las humanidades ha provocado un sentimiento de culpa entre sus disciplinas y un deseo de imitar a las ciencias. Una sucesión de pretendidos métodos científicos marca desde hace años los rumbos de las teorías literarias. Los métodos nacen, crecen, se reproducen y mueren con la pretensión de aportar una verdad científica al conocimiento de la literatura. Se sienten fuertes al aplicar un protocolo y utilizar un vocabulario tecnológico de muy dudoso gusto.

Estoy convencido de la importancia de la teoría literaria, pero estoy convencido también de que ninguna pretensión científica es más importante que la capacidad personal de lectura, la solitaria pasión con la que Leo Spitzer, Roman Jakobson, Roland Barthes, Dámaso Alonso o Fernando Lázaro Carreter supieron leer. No los admiro por científicos objetivos, sino porque con una soledad cuidadosa supieron hacer en su despacho, ante una página de Garcilaso o Baudelaire, lo mismo que ahora hace mi hija con sus ojos adolescentes.

Ante la certeza de los dogmas y la homologación de las conciencias, tal vez haya que darle hoy su completo significado histórico a la emoción del lector. La soledad compartida de alguien que lee unos versos o una narración, alguien que pide tiempo para vivir cada palabra hasta hacerse dueño de sus propias opiniones, es la mayor ofensa que podemos hacerle a un economicismo desalmado que cuenta con poderosísimos mecanismos tecnológicos de control de las conciencias y que liquida los espacios públicos, suprimiendo los textos y las plazas, es decir, los lugares donde los individuos, sin renunciar a ser ellos mismos, borran un poco sus identidades concretas para convertirse en ciudadanos.

Oponerse al progreso de la ciencia y la tecnología es simplemente reaccionario. Pero eso no significa olvidar el sentido de las humanidades, o asumir una definición tecnológica del futuro. La ciencia no puede perder la raíz de su pacto humanista. Quizá ser moderno, más que llenar las costumbres de vocabulario desarrollista, consista es ser capaces de volver a formular un contrato social adaptado a los nuevos tiempos. Y para firmar un contrato conviene leerlo todo, hasta la letra pequeña de los documentos. Así lo siento cuando pienso en el futuro, mientras observo la impertinente soledad de mi hija que lee, rodeada de gente, en una playa del sur.

Luis García Montero es escritor.






....

No toca a los escritores promover la lectura




16-Agosto-2009


Óscar Cedillo/ Enviado

El crítico literario Christopher
Domínguez Michael está consciente
de que él escribe para la minoría
a la que le gusta leer


BOGOTÁ.- “Yo escribo para una minoría, que somos aquellos que gustan de la literatura y que nos gusta leer sobre literatura”, comenta de forma tajante el escritor y ensayista mexicano, Christopher Domínguez Michael, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Con su estilo parco y corto de palabra, platica que nunca ha aspirado a públicos más amplios, “porque no a todo el mundo tiene por qué gustarle la literatura. No es una obligación. Tampoco nos toca a los escritores promover la lectura. El problema central está en estimular a la lectura en la infancia y eso yo no lo puedo hacer, eso lo tienen que hacer las autoridades educativas”.

Domínguez Michael está en Colombia para presentar su más reciente trabajo, La sabiduría sin promesa. Vidas y letras del siglo XX, un libro del que él mismo adelanta que es la edición aumentada de uno que ya había sacado en 2001.

“En su origen era hacer un balance muy personal de mis gustos y de mis fobias. La literatura que me interesa del siglo XX. Es un libro de mis clásicos de la literatura moderna”.


Explica que es un trabajo muy amplio, voluminoso, donde habla de autores como Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Jünger y de críticos literarios.


El reciente trabajo del ensayista ya tuvo sus primeras críticas en México, donde incluso han calificado el título de engañoso, pues explican que no reúne a los autores más representativos de una época, pero que invita a los lectores a acercarse a nuevos escritores y encontrarse con viejos conocidos.

El autor justifica a los que lo han criticado, señalando que la importancia de un crítico literario es precisamente que genere crítica “que la provoque, que la reciba y que la otorgue. Si esta clase de libros no generan discusión, quiere decir que estoy mal”.

“El trabajo del crítico literario es sobre el término de la vanidad. Mal estaría que estos libros no lo causaran: no es el único objetivo, pero es uno de los trabajos del crítico”, señala.

Respecto a la Feria Internacional del Libro de Bogotá comentó que las ferias son espacios muy positivos, que es la forma principal en que los escritores pueden circular, pueden darse a conocer e intercambiar libros. “No conozco a muchos escritores colombianos, pero la feria es excelente para encontrar material para llevarme, más lo que yo traigo para intercambiar”.

Sobre Colombia, dijo que es un país donde se lee mucho más que en México, “donde la tradición de la prensa escrita es superior a la nuestra y eso se nota enseguida cuando tomas un periódico colombiano. Para empezar están escritos en un español muy superior al nuestro”.

Agrega que es un país más letrado a pesar de ser más pequeño.

En paralelo a México, analiza que tiene que ver con la formación estatal, porque el sistema de enseñanza mexicano tiene muchos años desde la Revolución.

Contrario a lo que pasa en el país, expresa que “la prensa de la escritura en Colombia, como primer vehículo de la lectura, ha tenido una existencia autónoma del Estado. Ha sido una fuente de legitimidad, es como su carta de presentación hacia la sociedad civil”.


...

Someten el Programa Nacional de Salas de Lectura a proceso de revisión


Acusaba serias deficiencias en la falta de correspondencia entre contenido e interés de los usuarios



CARLOS F. MARQUEZ





El acervo bibliográfico de las Salas de Lectura estará más acorde a los intereses de los usuarios Foto: IVAN SANCHEZ El Programa Nacional de Salas de Lectura del Conaculta, que constituía uno de los ejes centrales para el despliegue de las políticas culturales de la instancia federal que ostentaba como lema “Hacia un país de lectores”, fue sometido a un proceso de revisión en el que se concluyó que los contenidos de dicho programa no respondían a los intereses y perfil de los potenciales lectores; es así que con la colaboración de especialistas se ha renovado el perfil de los acervos que se otorgarán a las salas de lectura en el país.

Durante la segunda mitad de 2008 inició un proceso de evaluación de este programa que goza de presencia en todo el país, para el cual se convocó a 15 especialistas en la lectura y los libros para que sostuvieran reuniones con el equipo de Salas de Lectura y de manera conjunta revisar los acervos bibliográficos actuales y delinear políticas para la renovación de los mismos, de acuerdo con el tipo de público que a la fecha atiende el programa.

Según el último diagnóstico del programa realizado por Conaculta, 60 por ciento de los usuarios de las Salas de Lectura lo constituyen niños y jóvenes entre cinco y 17 años, mientras que 20 por ciento corresponde a mujeres y 10 por ciento restante lo conforman hombres. Las ocupaciones, niveles de escolaridad y socioeconómicos son diversos.

Toda vez que se logró identificar el perfil predominante de los asistentes a las Salas de Lectura, se llegó a la conclusión de que el programa acusaba serias deficiencias en relación con la falta de correspondencia entre los contenidos e interés de los beneficiarios del mismo. Algunas de las carencias más significativas que señala ese proceso de evaluación son: no todos los libros enviados a las Salas de Lectura responden a los intereses y necesidades lectoras de los usuarios; los libros que se mandan como parte del acervo para niños y jóvenes son escasos y no siempre atractivos para ellos; no existe una propuesta que apele a los intereses y necesidades lectoras de las mujeres que asisten a las salas; el acervo está más cargado hacia la literatura de ficción y no se incluyen temas, por ejemplo, de divulgación científica, salud, mundo contemporáneo o acontecer actual; para nuevas salas no se incluyen títulos que se enviaron en años anteriores y que tuvieron, y tienen, muy buena recepción entre los lectores, y dentro del acervo histórico no se incluían libros para jóvenes que vayan de acuerdo con asuntos que son importantes para su desenvolvimiento personal y social (psicología, sexualidad, tecnología, entre otros).

En relación con las carencias referidas anteriormente, uno de los retos mayores que debía afrontar el programa era la renovación de los acervos en las salas de lectura, y procurar que los nuevos títulos fueran acorde a los intereses promedio de los beneficiarios.

Con el objetivo de renovar los contenidos, la Dirección General de Publicaciones del Conaculta convocó a 28 editoriales, confiriendo prioridad a los sellos independientes mexicanos. La intención era que estos especialistas propusieran títulos para conformar un acervo bibliográfico que despertara el interés de los posibles lectores, principalmente de niños, jóvenes y sujetos en etapa de primera infancia.

El programa, para su futuro ejercicio este 2009, acentuaba como prioridad en los contenidos de sus acervos aquellos títulos relacionados con divulgación científica, vida cotidiana, historias de vida, tecnología y nuevas comunicaciones, temas de salud y prevención, poesía y novela corta, crónicas de viaje, y México y el mundo.

Las editoriales sugirieron un total de 800 títulos que se insertaban en los ejes temáticos antes referidos, pero el objetivo del Programa Nacional de Salas de Lectura era conformar un acervo de sólo 100 títulos para ser distribuidos en las diferentes salas de lectura del país; en razón de ello, se desarrollaron dos etapas de preselección y una etapa final en la que se logró conformar un acervo de 89 títulos básicos para el trabajo al interior de las Salas de Lectura.

El abanico de títulos que se logró conformar y que el Programa Nacional de Salas de Lectura distribuirá en sus diversos núcleos de acción en el país es de naturaleza diversa, pues uno de los objetivos era conformar un espectro de lectura del interés de personas con diferentes perfiles de edad, educación y condición social.

Es así que en este nuevo acervo de lectura se podrá acceder tanto a libros en Braille como Mi canción favorita, de Isabel Suárez de la Prida, hasta obras con perspectiva de género como Mujeres que cambiaron el mundo, de Daniela Wolf y Rocío Mireles, o temas de la cultura popular como Lucha libre, de Gabriel Rodríguez, y La Constitución ilustrada, por Trino. Aunque los clásicos de la literatura mexicana no tiene una presencia tan predominante como la que muchos desearían, en este banco de libros también se incluyen autores consagrados de la literatura universal como Orson Wells y Marcel Proust.

Es preciso señalar que Michoacán, tan sólo unos dos años atrás, presumía de ser un ejemplo a nivel nacional respecto a la aplicación de este programa que logró tener presencia en 177 salas de lectura en toda la entidad; no obstante, en la actualidad la Secretaría de Cultura del estado se mantiene al margen de este programa que prácticamente ha desaparecido de los planes del Departamento de Literatura y Fomento a la Lectura.

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