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Rueben Martínez




Escuchar a la gente antes de recomendarle cualquier libro o lectura

Esa fue la frase que se quedó en la memoria -y algunos manifestaron que hasta en el corazón- a un gran número de asistentes a la tercera conferencia del Primer Seminario Internacional de Salas de Lectura, misma que se efectuó el 9 de septiembre y que estuvo a cargo de Rueben Martínez,

“Posiblemente escuchar sea la parte más importante del promotor pero pocos lo hacen, hay que devolver el sentido a la importancia de leer y para eso sólo hay que escucharlos, sobre todo a las personas (que se encuentran) en situaciones difíciles; primero hay que conocer a nuestro posible lector y luego ya veremos qué libro le podemos recomendar, claro hay que leer para poder hacer eso y luego escuchar a la gente”.

Humanizar la promoción de la lectura es lo que Rueben Martínez nos deja como tarea después de su amena plática, en donde también señaló que es de origen mexicano y que al no ver un futuro prometedor para sí mismo en el pequeño pueblo minero donde nació, y ya totalmente enamorado de la lectura por “culpa” de un tío que le regaló sus primeros libros, decidió irse al sur de California donde aprendió a ser barbero y comenzó su pequeño negocio, además de que ayudó a muchos otros.

Agregó que siempre ha sido en activista de los derechos de los latinos, de la alfabetización, la educación y la promoción cultural, esto lo llevó también a ser miembro activa de la política de California.

La barbería de Rueben cambió radicalmente cuando puso un pequeño estante con libros de su propio acervo y algunos en español que había exportado para vender, debido a la ausencia de librerías en aquella comunidad.

Librería Martínez Books and Art Galleries, que naciera en 1993 bajo iniciativa de Rueben, contrario a lo que todo mundo podría pensar, no comenzó vendiendo libros, comenzó prestando libros de escritores mexicanos, haciendo y promoviendo lecturas, creando eventos culturales y de promoción de la lectura y todo esto fue la clave para que los libros comenzaran a venderse.

Tal fue el éxito que actualmente ya tiene tres sucursales que están dedicadas a libros escritos en español en los Estados Unidos, exporta libros en español y se ha convertido en un centro cultural y comunitario que promueve la lectura en la comunidad hispana tanto en español como en inglés.

De 1997 a 2001 se asoció con el actor Edward James Olmos para establecer el Latino Book and Family Festival. El festival en español más grande del E.U., donde se hacen exposiciones de libros en varios idiomas, y que ahora se celebra con regularidad en cuatro estados de E. U.

En el 2000 lanzó otro espacio dedicado a la literatura infantil.
En 2004 por ser reconocido como uno de los hombres de negocios más emblemáticos de la comunidad latina en EU, se le otorgó a Rueben la prestigiosa beca de la Fundación MacArthur Fellowship, siendo el primer librero que recibió esta distinción.

Rueben Martínez dice sentirse satisfecho pero aún ambiciona llevar la lectura y los libros a más gente en los Estados Unidos y por supuesto con la misma dinámica que ha utilizado todos estos años: primero escuchar a las personas, conocerlas, prestarles el libro, platicar con ellos de ese libro o de lo que quieran, lo importante es que la persona sienta que ese libro será determinante en su vida o que le dejará un mejor sabor de boca.



Por supuesto Rueben no olvida su oficio de barbero y a petición de algunos clientes les da el servicio y como siempre que corta el cabello o rasura a alguien lo hace mientras recomienda un par de buenas lecturas...

Si desean tener más informes de sus librerias pueden visitar:

ELIANA YUNES


Eliana Yunes nació en Río de Janeiro, Brasil, cursó estudios de filosofía y se especializo en literatura infantil por la Universidad Complutense de Madrid. Cuenta con una maestría en lingüistica, un doctorado en licenciatura brasileña y un posdoctorado en literatura universal.Especialista en fomento de la lectura y el libro. Promotora de políticas públicas, diseño y difusión de programas de lectura. Ha sido consultora y asesora de organismos internacionales, entre ellos la UNISEF. Imparte la cátedra UNESCO de Lectura de Brasil.



[...]
una pequeña institución puede emprender una acción articuladora de voluntades que reconozcan la necesidad de la promoción de lectores; en realidad, queriendo ciudades mejores, medio ambiente más cuidado, salud más protegida, aparte de más libros leídos y de mejor y más grande producción cultural. Reunidas algunas instituciones en comisión coordinada, con distribución y repartición de actuaciones definidas en común acuerdo y apoyados entre sí, existen ventajas de orden económico, de orden educa- tivo-cultural y social. Veamos: • Un mismo “programa” puede divulgar simultáneamente varias acciones de promoción de lectura en dife- rentes espacios y horarios para distintos públicos, envolviendo distintos lenguajes. • Los acervos existentes pueden ser colocados en circulación, en bloques de lecturas temáticas, de acuerdo con las oportunidades traídas históricamente y no apenas por fechas magnas, pero sí según las circuns- tancias de la comunidad. • Toda la comunidad puede organizar actividades lectoras, como un programa de cultura, entre cine, música, libros, contadores de historias, poetas, así como también discusión de medidas que afectan las decisiones de interés común. • Los recursos pueden ser recolectados y compartidos en un plan común, envolviendo hasta los costos de reunión de otros agentes, especialistas de otras localidades y países. • Debe realizarse un encuentro anual para la presentación de los reportes de actividades, de la evolución de los trabajos, corrección de las decisiones y de los rumbos alterados en el propio proceso de imple- mentación de las acciones. • La organización local se presentará como contrapartida de inversión, que los gobiernos estatal y nacional necesitan tener en cuenta en un plan articulado para todo el país. • La acción debe tener visibilidad en los medios de divulgación locales, noticieros y periódicos, acompa- ñando para el público el trabajo, de tal manera que contagie a otras comunidades y garantice el apoyo gubernamental. • Los libros pueden estar en todas partes, desde consultorios médicos (que en general, solo tienen revistas con chismes de la farándula y de los famosos), hasta restaurantes, donde una carta con cuentos puede acompañar la de los platos. Lo fundamental es una amplia y permanente formación de personas que vivan la práctica de la lectura en los espacios más diversos y en el uso de distintos lenguajes. Claro está, que hacer política a partir de la sociedad civil es algo que se perdió con los griegos, sin embargo, es posible recuperar la práctica, cuando verdaderamente se quiere alcanzar un objetivo y se decide planear, cuidar estrategias y viabilizar, en común, un interés que envuelve la población como un todo.
[...]


Julio Cortazar lector (II)



FUENTE:
http://www.geocities.com/juliocortazar_arg


Entrevista por Sara Castro-Klaren

Julio Cortázar Lector
Entrevista realizada en el verano de 1976,
en Saignon, Francia. Publicada en Cuadernos
Hispanoamericanos, ns. 364-366,
octubre-diciembre, 1980, Madrid.

Crespo, Antonio (compilador);
Confieso que he vivido y otras entrevistas,
Buenos Aires, LC Editor, 1995



- Antes, en la Argentina, ¿tenías hábitos de lectura diferentes a los de ahora? -Me imagino que ahora tendrás mucho menos tiempo para leer que en tus días de maestro de provincia o de traductor oficial- ¿Cómo te ha afectado la necesidad de seleccionar con criterios diferentes a los de tus años de escritor desconocido?

- En principio leo un solo libro, pero quizá para tu sorpresa, leo más poesía que prosa, más ensayos que ficción, más antropología que literatura pura; sucede que, a veces, llevo adelante paralelamente dos cosas muy diferentes. Por ejemplo, en el momento en que te grabo esto estoy leyendo un libro de poemas de Robeit Duncan y, al mismo tiempo, un libro de cuentos de Piérrette Flétaux. Me hace bien pasar de uno a otro. No sé, tengo la impresión de que los libros se estimulan, que hay una interacción y que, con bastante frecuencia, esos dos libros que leo, si no simultáneamente, consecutivamente, son dos libros que son amigos, que han nacido para sentirse bien el uno con respecto al otro, aunque haya una diferencia total como puede haber entre los poemas de Duncan y los cuentos de Piérrette Flétaux.

Otro detalle de deformación profesional es que, en principio, yo termino siempre un libro, aunque me parezca malo. Hubo una época en que esto fue una obsesión y hoy lo lamento, porque he leído muchos novelones y muchos libros de poemas insoportables, confiando siempre en que, en las últimas diez páginas encontraría el gran momento, algo que rescataría la totalidad de la obra. Alguna vez pudo haber sucedido, pero en la mayoría de los casos, cuando cincuenta páginas de un libro son malas, es difícil que el resto se salve. Es como un match de box: si hay una primera mitad que es mala, sólo un milagro puede cambiar la cosa en la segunda mitad. De manera que ahora que tengo menos tiempo, que estoy en los días en que voy a cumplir sesenta y dos años, -te das cuenta, ¿no?, ahora puedo decir "Sesenta y dos, modelo para desarmar"- sucede que algunos libros no los termino. Los latinoamericanos, los jóvenes, me mandan novelas y libros de poemas que, con alguna frecuencia, me parecen malos hacia el primer tercio del libro, y entonces me limito a guardarlos y no los termino.

- ¿ Lees mientras escuchas música, o hablas por teléfono, o esperas en el aeropuerto?

Jamás he podido leer escuchando música, y ésta es una cuestión bastante importante, porque tengo amigos de un nivel intelectual y estético muy alto para quienes la música, que en ciertas circunstancias puedan escuchar concentrándose, es al mismo tiempo una especie de acompañamiento para sus actividades. Esto lo comprendo muy bien en el caso de los pintores: tengo amigos pintores que pintan con un disco de fondo o la radio. Pero en el caso de la lectura, yo creo que no se puede leer escuchando música, porque eso supone un doble desprecio o un desprecio unilateral: o se desprecia la música o se desprecia lo que se está leyendo. La música es un arte tan absoluto, tan total como la literatura, y el músico exige que se le escuche a full time lo mismo que cualquiera de nosotros cuando escribimos. Personalmente me apenaría, me decepcionaría, enterarme de que alguien, a quien estimo intelectualmente ha leído un libro de cuentos míos al mismo tiempo que estaba escuchando una fuga de Bach o una ópera de Bertold Brecht. En cambio puedo, sí, leer mientras espero en un aeropuerto o a alguien en un café, porque ésos son los vacíos, los tiempos huecos que uno no ha buscado por sí mismo, sino que los horarios de la vida, digamos, te condenan de golpe a media hora de espera; y entonces, tener un libro en el bolsillo y concentrarse en él, en ese momento, por un lado anula el tiempo del reloj y, por otro lado, te crea una sensación de plenitud. Y no esa especie de mala conciencia que, también por deformación intelectual, tengo yo, en el sentido de que si me paso mas de diez minutos sin hacer algo, sea lo que sea, tengo la impresión de que soy ingrato con ese hecho maravilloso que es estar viviendo, tener ese privilegio de la vida. Y es algo que siento cada vez más, mientras mi vida se acorta y va llegando a su término ineluctable, si me permitís la palabra tan cursi.

- Antes preguntaba si los hábitos de lectura en la Argentina ¿eran diferentes a los de ahora?

Desde luego, en mi juventud en la Argentina, mis hábitos de lectura eran obligadamente diferentes. Tenía mucho más tiempo en mis días de maestro o profesor de provincia o de traductor oficial, y eso, evidentemente, me ha obligado actualmente a seleccionar de una manera mucho más draconiana lo que leo. Por ejemplo, hubo una época en mi vida en que, al margen de la literatura para mí importante -la gran poesía, la gran novelística-, yo encontraba tiempo y momentos para leer una incontable cantidad de tonterías. Por ejemplo, entre los dieciocho y los veintiocho años me convertí en un verdadero erudito en materia de novela policial. Incluso, con un amigo, hicimos la primera bibliografía crítica del género de la novela policial, que dimos a una revista cuyo primer número no alcanzó a salir, lo cual es una lástima, porque era bastante interesante. Sobre todo, porque le habíamos hecho un prólogo firmado por un falso erudito inglés... (nosotros dos, naturalmente) y que hubiera impresionado profundamente a muchos intelectuales argentinos. Llegó un día en que la novela policial completó en mí su ciclo y la abandoné después de haber leído, todas las obras maestras del género de aquella época.

Hay ciertos campos de la literatura, como eso que llaman la ciencia ficción, que ignoro profundamente. He leído tres o cuatro de los libros más famosos porque me parecía necesario, e incluso encontré buenas cosas en ellos. Pero como no es un género que me parece fundamentalmente importante en la literatura, también lo dejé de lado.

Eso lo hice con otras cosas en la vida: lo hice con el ajedrez, que es un juego qué me apasionó de joven, pero que un buen día me empezó a tomar demasiado tiempo y entonces lo eliminé.

Actualmente leo con un criterio bastante severo: es decir, que completo algunas lagunas: leo esos clásicos que se me fueron pasando a lo largo de la vida, o bien leo cosas actuales, contemporáneas, pero buscando acertar en lo posible con libros que no me hagan perder tiempo.

- ¿Lees o leías muchas revistas y periódicos? Al estudiar Rayuela, pongamos por ejemplo, como mapa de tus lecturas, me llevé la impresión de que seguías lecturas sobre física, química y matemáticas. Mencionas cosas de Planck y de Heisenberg. Un colega mío me ha observado de que eso podría ser una especie de turismo de la ciencia, hoy común entre muchos escritores. ¿Hasta qué punto te interesan las ciencias?

No soy un gran lector de revistas y periódicos, pero llega una cantidad tan enorme a mi casa, que finalmente he comprendido que las revistas latinoamericanas, sobre todo, son importantes en la medida en que por lo menos una lectura en diagonal, una visión general del sumario y un vistazo a los artículos más importantes, son una puesta al día de un montón de cosas que los libros y la mera información no pueden darte. Entonces, cuando me llega un número de Plural, o un número de Cambio, o un número de cualquier revista norteamericana como Review y tantas otras, las miro y me detengo a veces largamente en algún artículo que me interesa por múltiples razones.



FIN DE LA SEGUNDA PARTE



Si deseas leer esta entrevista completa ve a la fuente original:
http://www.geocities.com/juliocortazar_arg/jclector.htm#xx


O en:

http://salasdelecturaenyucatanbis.blogspot.com/2009/09/julio-cortazar-lector.html



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Julio Cortázar Lector (I)



FUENTE:
http://www.geocities.com/juliocortazar_arg


Entrevista por Sara Castro-Klaren

Julio Cortázar Lector
Entrevista realizada en el verano de 1976,
en Saignon, Francia. Publicada en Cuadernos
Hispanoamericanos, ns. 364-366,
octubre-diciembre, 1980, Madrid.

Crespo, Antonio (compilador);
Confieso que he vivido y otras entrevistas,
Buenos Aires, LC Editor, 1995


- Tal vez sería interesante empezar por hablar de tus hábitos de lector en un sentido físico social. ¿Cómo llega un libro a tus manos? ¿Lees libros que compras, que sacas de la biblioteca, que te prestan, que te regalan, que te mandan?

- Mis primeros libros me los regaló mi madre. Fui un lector muy precoz y, en realidad, aprendí a leer por mi cuenta, con gran sorpresa de mi familia, que incluso me llevó al médico porque creyeron que era una precocidad peligrosa y tal vez lo era, como se ha demostrado más tarde. Muy pronto me dediqué directamente a sacar los libros que encontraba en las bibliotecas de la casa. Con lo cual muchas veces leí libros que estaban al margen de mi comprensión a los siete, ocho, nueve años de edad. Pero otros, en cambio, me hicieron mucho bien, porque eran libros en alguna manera superiores a mis posibilidades, pero que me abrían horizontes imaginarios absolutamente extraordinarios. Con las ideas que había en la gente de mi generación, las lecturas de los niños se graduaban mucho. Hasta cierta época eran los cuentos de hadas y después las novelas rosa, y sólo en la adolescencia, los muchachos y las muchachas podían empezar a entrar en un tipo de literatura más amplio. Yo franqueé mucho antes todas esas etapas, y la verdad es que mis primeros recuerdos de libros son una mezcla de novelas de caballería, los ensayos de Montaigne, por ejemplo, que creo leí a los doce años, fascinado. No sé hasta qué punto podía comprenderlos. Pero recuerdo que los leí íntegramente en dos enormes tomos encuadernados y en traducción española. Y eso se mezclaba con novelas policiales, las aventuras de Tarzán, que me fascinaron en aquella época; Maurice Leblanc, y luego la gran sacudida de Edgar Allan Poe.


Pero me estoy saliendo de tu pregunta: ¿cómo llega un libro a mis manos? Sigue llegando de muchas maneras. Están los que yo consigo por mi cuenta cuando paso por una librería y me gusta un libro sin haberlo hojeado demasiado. Hay una especie de contacto simpático en el sentido mágico de la palabra; hay algo que me dice que tengo que comprarlo. No siempre acierto, pero muchas veces sí. Y luego en estos momentos, por razones obvias, medio mundo me manda libros, y soy el hombre más odiado por el correo francés y por sus pobres carteros: llegan todos los días a mi casa con cantidades enormes de paquetes de libros y revistas que vienen de toda América latina, de Estados Unidos, de Francia, de Bélgica e incluso de países cuyos idiomas no puedo leer, pero cuyos autores, que me han leído en traducción, consideran necesario mandarme sus publicaciones, que yo regalo o pongo en la biblioteca, pero sin poder enterarme de una sola palabra de lo que dice ese lejano amigo búlgaro, checo o polaco.


- Una vez que el libro está dentro de tu ámbito físico, ¿qué le pasa? ¿Cuándo lo lees? ¿Lo lees en casa o en el metro? ¿Lees un solo libro o varios al mismo tiempo? ¿Los terminas siempre, aunque te hayan dejado de interesar?

- Cuando un libro está en mis manos, desgraciadamente le pasan cosas malas casi siempre, porque estoy en una época de mi vida en que cada vez tengo menos tiempo. Por razones que no son literarias, que tienen que ver con todo el destino de América latina, con todas las cosas que yo trato de hacer o que me piden que trate de hacer, y que supone con frecuencia muchas horas de reuniones, de escritura, de lectura de documentos, y además largos viajes en el curso de los cuales no me puedo concentrar en la lectura. En la medida de lo posible, esos libros que quiero realmente leer, los dejo ahora en una especie de rincón privilegiado donde los veo con los ojos del deseo, y en cuanto sé que tengo un hueco, tres o cuatro horas que pueden ser bastante mías, entonces los leo, si puedo los leo en mi casa. Hubo una época en que, por razones de mayor resistencia física, podía leer en el metro, en los cafés. Puedo hacerlo ahora también, pero con una menor concentración. Prefiero estar en mi casa y leerlo tranquilo. Además, desde muy joven adquirí una especie de deformación profesional, es decir, que yo pertenezco a esa especie siniestra que lee los libros con un lápiz al alcance de la mano, subrayando y marcando, no con intención crítica. En realidad alguien dijo, no sé quién, que cuando uno subraya un libro se subraya a sí mismo, y es cierto. Yo subrayo con frecuencia frases que me incluyen en un plano personal, pero creo también que subrayo aquellas que significan para mí un descubrimiento, una sorpresa, o a veces, incluso una revelación y, a veces, también una discordancia.

Las subrayo y tengo la costumbre de poner al final del libro los números de las páginas que me interesan, de manera que algún día, leyendo esa serie de referencias, puedo en pocos minutos echar un vistazo a las cosas que más me sorprendieron. Algunos epígrafes de mis cuentos, algunas citaciones o referencias salen de esa experiencia de haber guardado, a veces durante muchos años, un pequeño fragmento que después encontró su lugar preciso, su correspondencia exacta en algún texto mío.


FIN DE LA PRIMERA PARTE



Si deseas leer esta entrevista completa ve a la fuente original:
http://www.geocities.com/juliocortazar_arg/jclector.htm#xx


O en:

http://salasdelecturaenyucatanbis.blogspot.com/2009/09/julio-cortazar-lector.html



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La música verbal de Luis Rosado Vega




Hay onomatopeyas que saltan al oído de manera que podríamos llamar objetiva. Demasiado obvias, a pesar de que en última instancia son tan arbitrarias como cualquier otra onomatopeya. Sin embargo, un consenso receptor las da por válidas, como reproductoras de los sonidos.

No diría lo mismo, en cambio, de otras onomatopeyas más subjetivas. Los sonidos no equivalen a lo que evocan, pero algo, indefinible, incatalogable, nos hace sentir como vivo aquello que se menciona en el poema. Es el caso del poema Campanas, de Luis Rosado Vega.

Mi primer contacto con ese poema fue en un exageradamente maratónico certamen de declamación (68 participantes, en un solo día), en donde escucharlo fue uno de los momentos de mayor frescura de aquella prolongada pasarela. Tan fresco que le mereció a su púber intérprete uno de los tres primeros lugares.

Me parecía estar escuchando las campanas. No era el “talán, talán”, con que arbitrariamente expresamos el sonido en español, sino una rara combinación sintáctica (repeticiones y yuxtaposiciones) y fonética (vocales fuertes y eles) que me hace oír las campanas al vuelo: “Campanas, / clamorosas campanas de mi pueblo; / lejanas campanas, /¡Cómo parece que os estoy oyendo!”.

Pasada esta claridad sonora, el poema continúa volviendo opaco ese clamor de campanas: “Hay fiesta en mi pueblo; / las campanas lo dicen riendo, /lo gritan ufanas / con su vario son, / tocad recio, más recio, campanas /de mi corazón”.

Poema un poco extenso, de estilo modernista y a base de una narración muy lírica, donde el sonar de las campanas puede oírse en distintos registros emotivos: “Y entre tanto las locas campanas / ufanas seguía con su alegre son. / Reían, reían / como si riesen en mi corazón”.

Y es que Rosado Vega tuvo uno de los mejores oídos de nuestra poesía yucateca. Una música verbal que no requería de la música instrumental para hacer valer su sonoridad, pero que sin embargo es tan flexible que se adecua maravillosamente a aquélla. No en vano el chemaxeño es el poeta que pasa por todas las etapas forjadoras de nuestra trova yucateca, como han comentado los investigadores Enrique Martín y Álvaro Vega.

Su poema más conocido, que es el de la canción Peregrina, tiene una estructura rítmica que además de ser analizada en sí misma, debería serlo también en función de la música compuesta por Ricardo Palmerín. Peregrina sigue un esquema rítmico de cláusulas de cuatro sílabas (o de tres, pero con terminación en aguda), con acentos tónicos en la tercera sílaba: “Peregrína-de ojos cláros-y divínos- y mejíllas-encendídas-de arreból”. (Este esquema por cierto es el que inmortalizó José Asunción Silva en su más conocido Nocturno “Una nóche-toda lléna-de perfúmes,-de murmúllos-y de músi-- ca de álas”).

La conjunción de estas dos músicas -la verbal del poema y la que proviene del compositor- han potenciado la sensibilidad de esa canción que ha traspasado tiempos y fronteras.




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Algunas anécdotas

® Por Jorge Cortés Ancona


En su libro Lo que ya pasó y aún vive, Luis Rosado Vega hace un recuento de hechos muy diversos. Fue publicado por la editorial Cvltvra en 1947 y a lo largo de 16 capítulos asistimos a las diversiones y costumbres de la época que le tocó vivir. Desfilan circos, ferias, viajes, personajes populares, la temporada de Progreso, en fin… Con mucha amenidad y su acostumbrado estilo sencillo, propicio a una comunicación inmediata, nos ilustra y entretiene.

El libro está lleno de anécdotas destacables y es una buena fuente de información para acercarse a la vida cotidiana yucateca de otros tiempos.

Destaco algunas escenas que me llaman la atención. Una es la sabiduría de un pariente suyo respecto al caminar, la otra un caso de trasvestismo del propio poeta y la tercera una pelea por culpa del baño en aguas no deseadas.

En Chemax, don Luis se encuentra a uno de sus viejos antepasados, hombre corpulento y alto, de 90 años con aspecto patriarcal. Cuando le pregunta si conoce Mérida, contesta que no, pero que sí conoce Valladolid. Y a la pregunta acerca de por qué no conoce Mérida, responde con estas palabras que constituyen toda una conseja: “Porque no he podido llegar a ella… Vea usted, si conozco Valladolid es porque he podido ir hasta allí por mis propios pies. Porque yo creo que si Dios le dio al hombre los pies es para que use de ellos caminando, y sólo debe llegar hasta donde sus pies se lo permitan. Lo demás es pecado. Nunca he usado otro medio de transporte. Ni el caballo, ni el coche, ni el ferrocarril, ni ninguno otro me han servido nunca. He ido hasta donde mis pies lo han permitido. Esos otros medios de viajar son malas invenciones del hombre, que contravienen la ley de Dios. Y así he sido feliz…”.



Lo del trasvestismo es toda una curiosidad. Por aquello de que la mejor manera en que un varón podía viajar en bolán era con ropa de mujer para que no se le subieran los calzones al cuello por razón de los tumbos y resbalones, Rosado Vega decide hacer la prueba. En sus palabras: “…me procuré en Santa María una amplia bata de señora, y con ella sobre el cuerpo la emprendí a Tixpehual, junto con mi primo Manuel. Y así entré en aquella población, vestido como una comadre y arrastrando la bata. Y vuelta a Valladolid, pero sin más incidentes, y ya sin bata…”.

La otra tiene que ver con esa malsana costumbre aún existente en Mérida de andar arrojando agua y otros líquidos a la calle desde diversas alturas y por diversos medios: cubetazos, manguerazos, etc. La siguiente escena, presenciada por nuestro autor, se desarrolla en el barrio de Santiago donde vivía, “un nidal completo” a su decir, por aquello de las esquinas de “El Nido” y “La Paloma” y las tiendas “El Huevo” y su competencia en la contraesquina llamada “El Otro Huevo”.

Dice don Luis: “En medio de aquellos dos huevos se desarrolló la tragedia. Sucedió que alguien regaba a cubetazos, cuando acertó a pasar un individuo que fue bañado. Se armó camorra, pero ya no con palabrotas, sino a bofetada limpia. Paró en que furioso el transeúnte le arrebató al otro el cubo y se lo encasquetó en la cabeza en tal forma que el regador no podía desprenderse de aquel casco romano, porque su cabeza era típicamente yucateca, y comenzó a dar cabezadas como un toro ciego. Ladraron los perros, corrieron asustados los niños, salieron a sus puertas las vecinas, silbaron las gentes que estaban en la tienda de ‘El Huevo’ y también las que estaban en ‘El Otro Huevo’”. Todo concluyó con los policías llevándose a los rijosos ante el jefe de la policía.

Sí que se divertía el poeta con esas andanzas por campo y ciudad. Y uno las lee y las siente vivas.



Por esto!, sábado 13 de diciembre de 2008.

Sobre Rosado Vega

Por Jorge Cortés Ancona ®


En este año que concluye se están cumpliendo 50 años del fallecimiento de Luis Rosado Vega (Chemax, 1873-Mérida, 1958). De este poeta, narrador, ensayista, cronista, dramaturgo, historiador y estudioso de la cultura maya hay mucho de qué hablar. Intentaré en este caso señalar unos muy, pero muy someras líneas a donde pueden apuntar los estudios acerca de su obra. Entre estas líneas figuran los temas tratados y los modos en que los abordó, sus propuestas explícitas e intenciones manifestadas con sus escritos y el trasfondo ideológico de sus textos, sobre todo en relación al futuro de los mayas yucatecos. Remarco que esta nota apenas llega a boceto de ideas.

En el prólogo de su libro El alma misteriosa del Mayab (1934) señala que intenta hacer “una recopilación metódica del folklore regional yucateco”, procurando el “conocimiento psicológico del antiguo pueblo maya”. Este proyecto se relaciona con el mundo prehispánico y colonial enfocándose en el alma popular yucateca. A la vez que hace evidente sus ideas estéticas, también considera a los mayas como “el pedestal americano”, considerando que la civilización maya se encuentra ligada a las más antiguas de la Humanidad, lo cual es parte del firme empeño suyo en vincular a los antiguos mayas con los pueblos de Extremo Oriente.

A pesar de que manifiesta borrar toda intención de brillo literario con miras a popularizar las tradiciones mayas, hace uso sin embargo de numerosos recursos de estilo, a veces recurriendo al paralelismo, para lograr una claridad expresiva.


Luis Rosado Vega fue durante varios años director del Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, donde tuvo acceso a información valiosa además de la que de primera mano obtuvo de boca de los indígenas. Ello le permitió conocer con amplitud las concepciones filosóficas de los mayas a las que hace referencia a menudo.

Un tema recurrente es el de la pervivencia de los mayas, considerados en función de una lucha social que los hará recuperar su esplendor. El indio maya “sabe que sus antiguos dioses, sus dioses únicos, sus dioses naturales, no han caído ni caerán nunca” y “bien sabe que los pueblos no mueren mientras sus idiomas permanecen vivos”. En este caso el prólogo de Amerindmaya (1938) constituye una declaración de fe en la vigencia del poder de los mayas.Son numerosos los caminos por dónde dirigirse en su vasta obra. Me encanta su versión de la Xtabay, que da para jugosas interpretaciones, ya que la prostituta, la pecadora, que es la Xkeban, termina siendo después de muerta la mujer buena y ejemplar mientras que la mujer virgen y bella, Utz-colel, la que rechaza a los hombres y es considerada como virtuosa por la sociedad, termina siendo la mala, la putrefacta, porque “la virtud está en el corazón y no en las acciones de los hombres precisamente…”. En sus otras referencias a la Xtabay aparecen de modo oblicuo cuestiones ligadas a la masculinidad y sus valores.

Habría que analizar las relaciones de su visión del venado (en El alma misteriosa del Mayab) con el reconocido poema de Clemente López Trujillo. Atender a sus referencias a las poblaciones del oriente del Estado como Valladolid, Izamal, Chemax y todo lo referente al entonces Territorio de Quintana Roo. Ignoro en qué medida se han estudiado los relatos que tienen como tema a los chicleros, en cuyo caso su novela Claudio Martín, vida de un chiclero se uniría a Tierra del chicle, de Ramón Beteta para encabezar un análisis del que hay muy escasas muestras.Bastante hay que decir de Rosado Vega. Quizá en ocasión posterior hablemos de algunos tópicos suyos dignos de remarcarse.

Por esto!, miércoles, 10 de Diciembre de 2008

Conociendo algo de Natalio Hernández Hernández

Nunca más un México sin nosotros.
Nunca más un México sin los pueblos


Nació en Naranjo Dulce, Ixhuatlán de Madero, Veracruz el 27 de julio de 1947. Ha sido presidente y fundador de asociaciones de lenguas indígenas como Nechikolistli tlen Nauatlajtouaj Maseualtlamachtianej, Organización de Profesionistas Indígenas Nahuas A. C. (1973-1976); la Alianza Nacional de Profesionistas Indígenas Bilingües, A. C. (1977-1980); Escritores en Lenguas Indígenas, A. C. (1993-1996) y de la Casa de los Escritores en Lenguas Indígenas (1997-1999), entre otras.

Algunos de los cargos que ha ejercido son Coordinador del Programa Nacional de Lenguas y Literatura Indígenas de la Dirección General de Culturas Populares del CONACULTA (1993-1996); miembro del equipo técnico para la elaboración del proyecto de creación del Instituto Nacional de las Lenguas Indígenas (2001) y director de Educación Informal y Vinculación de la Coordinación General de Educación Intercultural Bilingüe de la SEP (2002- 2004).

Entre su producción literaria se encuentran los títulos de poesía Veinte flores, una sola flor (1985); Canto Nuevo de Anáhuac (1984) y Papalocuicatl. Canto a las mariposas (1996). En ensayo tiene publicados In tlahtoli in ohtli/La palabra, el camino. Memoria y destino de los pueblos indígenas (1998) y El despertar de nuestras lenguas (2003).

Fue merecedor del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Indígenas del CONACULTA, 1997; del Premio Bartolomé de las Casas otorgado por la Casa de América de España, entre otros.

Desde diversas instancias de la sociedad civil y organismos gubernamentales educativos y culturales, ha luchado por el reconocimiento de la cultura y los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas, llevando sus propuestas a diversos foros tanto locales como internacionales desde, por lo menos, 30 años atrás.

Siendo Coordinador del Programa Nacional de Lenguas y Literatura Indígenas de la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) (1993-1996), Natalio Hernández organizó el Primer Encuentro Nacional de Escritores en Lenguas Indígenas y promovió la serie “Letras Indígenas Contemporáneas” con Editorial Diana, que publicó 10 títulos.

Fundador de la Casa de los Escritores en Lenguas Indígenas, en 1993, fue nombrado Presidente de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas y, en reconocimiento a su ardua labor de promoción de las lenguas y literatura indígenas, en 1998 recibió el premio Fray Bartolomé de las Casas, otorgado por la Casa de América de España.



Bajo la lluvia

Natalio Hernández vivió una niñez iluminada por las formas poéticas inherentes a la civilización mesoamericana, transmitidas por una poderosa tradición oral que indicaba a los infantes como ahuyentar las prolongadas lluvias de la huasteca veracruzana pintando soles de ceniza.

"Desde la infancia crecí en medio de la poesía, al escuchar a los viejos de mi comunidad, lugar del que nunca me he desconectado porque me sigue nutriendo. Mis padres ahora ya son bilingües, también hablan español, aunque a mí me siguen hablando en náhuatl. Recuerdo que desde la infancia mi madre me decía: Monequi xihmalhui nochi tlen oncah ipan tlaltipactli, ipampa tlaltipactli quehuac tonana, ya tech tlacualtia, ‘es necesario que cuides todo lo que existe sobre la tierra, porque la tierra es nuestra madre, la tierra nos da de comer' y claro, esto que es poesía, también era real. Si no íbamos a limpiar la milpa, no había elotes, no había tomates, no había chiles, no había cacahuates, no había camotes, no había plátanos, no había caña, no había nada y por lo tanto no comíamos. Yo crecí en ese mundo en donde los pájaros nos despertaban en la mañana, en donde la naturaleza tenía una relación muy fuerte con la vida de la comunidad. Por ejemplo, durante los temporales a veces llovía 8 o 15 días seguidos y los niños queríamos salir a jugar pero no podíamos y, cuando se asomaba un poco el Sol, nuestros padres nos daban las cenizas del fogón para que pintáramos un Sol en el patio, se fuera la lluvia y el Sol nos alumbrara. Tengo un poema que hace referencia a esa imagen poética de mi infancia que se llama “Pintaré un Sol”.

Por supuesto que la infancia de Natalio también estuvo marcada por la violencia física y psicológica de la cultura hegemónica que le imponía valores totalmente ajenos. Recuerda, con tristeza y coraje, cuando el profesor de primaria golpeaba e hincaba con piedras en las manos a los niños y niñas que sorprendía hablando en lengua náhuatl dentro del salón de clases.

Nadando a contracorriente, Natalio logró terminar la educación secundaria para desempeñarse como profesor bilingüe náhuatl-español y, en 1965, lo enviaron como docente a Zacapoaxtla, en la Sierra Norte de Puebla en momentos en el que el sistema de la educación bilingüe empezaba en los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Veracruz y Puebla; siendo que, en Oaxaca, Chiapas y Chihuahua existía desde la década de los 50.

Natalio recuerda que Zacapoaxtla “era un enclave muy racista, a pesar de estar habitado mayoritariamente por pueblos nahuas. Los mestizos nos discriminaban a tal grado que a los perros callejeros les decían ‘bilingües'. Por supuesto que eso me dolió tanto que estuve a punto de pedir mi cambio al sistema de enseñanza no bilingüe, porque pensaba que de esa manera podría esconder mi realidad, mi origen. No lo hice y ahora no me arrepiento porque me habría convertido en un desarraigado, un renegado de mi cultura. Superé ese momento de crisis y después fui a trabajar a las faldas del Pico de Orizaba donde, un año más tarde, me ascendieron a supervisor. Como supervisor de profesores bilingües presté mis servicios en Huauchinango, Puebla y Tlanchinol, Hidalgo. En Huejutla, Hidalgo, estuve como Director Regional”.




Natalio Hernández ha sido un impulsor de la
educación bilingüe en México


Del macehualtlatolli al piltlatolli

Natalio Hernández, autor del ensayo “ In tlahtoli in ohtli” / “La palabra, el camino. Memoria y destino de los pueblos indígenas” ( Editorial Plaza y Valdés; México, 1998) a dvierte en las diferencias dialectales, la riqueza de los idiomas: “Cuando estuve en la Sierra Norte de Puebla llegué a Tlacopan, cerca de Atempan, rumbo a Tezuitlán, hablando con el náhuatl de la huasteca y una señora, que era monolingüe, carcajeándose me dijo: Tehuatzin amo titlahtoa nahuatl, titlahtoa totonaco , que traducido al español significa ‘Usted no habla náhuatl, habla totonaco'. Wsto ocurrió porque el náhuatl de la Sierra Norte de Puebla es muy reverencial, usa mucho la terminación tzin , por ejemplo no dicen ta , como decimos en la huasteca para el pronombre tú, dicen tehuatzin , tlacatzin y sihuatzin para señor y señora. Allí fue mi primer encuentro con una variante, en donde la parte reverencial está implícita en la lengua. En el náhuatl de la huasteca no se usa la forma reverencial en forma cotidiana, casi no existe, es un náhuatl llano, directo; un náhuatl “chichimeca”, diría yo. Después me encontré con los hablantes de Milpa Alta, de la Ciudad de México, quienes se precian de hablar un náhuatl clásico, antiguo y por lo tanto un náhuatl cultivado en tiempos del señorío Tenochtitlan. Después conocí a don Miguel León Portilla estudioso de la lengua y la cultura náhuatl; hablante y traductor del náhuatl clásico. A lo largo de, por lo menos, 30 años me he ido enriqueciendo, me he ido toltequizando , con el piltlahtoli , el idioma de los príncipes, el náhuatl cultivado, el náhuatl culto, el náhuatl exquisito sin dejar de hablar el masehualtlahtoli , el náhuatl popular.

"Hay que tener presente que durante la invasión europea, las instituciones dedicadas al cultivo de la lenguas mesoamericanas fueron destruidas. El Calmecac (escuela de estudios superiores) de Tenochtitlan queda como recuerdo, como noción de algo que existió al igual que los Tepochcali y los Cuicacali (casas de canto) desaparecieron. El lenguaje culto y ceremonial de los tlamatinih en los teocalli se perdió, prácticamente. En algunos lugares las lenguas empiezan a encontrar acomodo en muchos espacios ceremoniales, rituales e incluso académicos; por ejemplo en Papantla hay misas en totonaco, en Zongolica y Cuetzalan, en náhuatl. Hace 8 años en la clausura del Congreso Internacional de la Academia de la Lengua Española que se llevó a cabo en Puebla, a sugerencia de don Miguel León-Portilla, tuve una participación en náhuatl y español, discurso que fue muy elogiado por los congresistas”.

Organizaciones

En 1973, tras una breve estancia en la Ciudad de México, Natalio se inscribió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, año en el que junto con un grupo de profesionistas bilingües crearon N echikolistli tlen Nauatlajtouaj Maseualtlamachtianej, Organización de Profesionistas Indígenas Nahuas, AC (OPINAC): “Nuestra organización no fue vista con buenos ojos y enseguida corrió el rumor de que nos estábamos organizando para tomar por asalto la Dirección General de Educación Extraescolar en el Medio Indígena que estaba bajo la dirección del antropólogo Raúl Rodríguez Ramos, en tanto que Gonzalo Aguirre Beltrán era Subsecretario de Educación Extraescolar y Cultura Popular y director General del INI. Les ‘calentaron la cabeza' para que nos echaran de las oficinas centrales enviándonos a provincia, yo me fui comisionado a Acatlán, Puebla y eso me impidió terminar la carrera de antropología.

"Años después (1977-1980) presidí la Alianza Nacional de Profesionistas Indígenas Bilingües AC (ANPIBAC), que derivó en un proceso que tiene que ver con el movimiento indígena contemporáneo del país, organización en donde empezamos a plantear un indigenismo de participación, porque en el siglo pasado, cuando surge el indigenismo de Estado, se caracterizó por ver a los indígenas con una actitud muy paternalista, asimilacionista e integracionista. Nosotros proponíamos participar en las instituciones, en el diseño y en la administración de los proyectos. El movimiento indígena de los 70 y principios de los 80 produjo un discurso ideológico y político a partir de los propios indígenas, discurso que se retoma después en el movimiento 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular y se reafirma en el movimiento de Chiapas de 1994 del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que tiene sus orígenes desde la OPINAC en 1973, en el Congreso Indígena de Chiapas de 1974, el Congreso Nacional de Pueblos Indígenas de 1975 y en el Congreso Nacional de la ANPIBAC de 1977.

"En 1997 los escritores en lenguas indígenas elaboramos la Declaración sobre la Diversidad Étnica, Lingüística y Cultural de México que después tomó cuerpo en una Iniciativa de Ley que presentamos en 1998 en la Cámara de Diputados. 5 años después, el Congreso Legislativo aprobó la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas. Incluso el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (creado como parte del Decreto de Ley de Derechos Lingüísticos) es una conquista del movimiento indígena de México, lo planteamos en el Congreso Nacional de Pueblos Indígenas celebrado en Pátzcuaro, Michoacán en 1975.”






Fuentes:
http://www.uaq.mx/fcps/tribuna/337/opi06.htm



http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/espiral/espiralpdf/Espiral%2022/25-59.pdf


http://www.mexartes-berlin.de/esp/03/hernandez.html


Imagen: http://www2.nl.gob.mx

Mireya Priego López de Arjona. Bibliotecaria con trascendencia


Edgar A. Santiago Pacheco
.
Flor I. López Bates.



En este apartado pretendemos abordar dos líneas paralelas en la vida de Doña Mireya, una de ellas asociada con el papel de fundadora y artífice de la publicación del Boletín de Bibliografía Yucateca, y otra relacionada con su larga labor de bibliotecaria en Yucatán, a manera de homenaje a la única sobreviviente de ese notable proyecto educativo que fue la “Biblioteca Crescencio Carrillo y Ancona” y su destacable órgano informativo el Boletín de Bibliografía Yucateca.


Doña Mireya nació en pleno período revolucionario, el 8 de julio de 1915 en Ciudad del Carmen, su padre el Tabasqueño D. Severo Priego Ocaña falleció en la revolución siendo ella menor, su madre Alicia López González originaria de Maxcanú y profesora de profesión la vio crecer junto con su único hermano Severo Priego López. Se caso con otro reconocido universitario, Humberto Arjona Torre, con quién procreo seis hijos.

Doña Mireya concluye su Bachillerato en 1933, a los 18 años de edad en el Instituto Literario, explica sobre esto “no había carreras de mi interés. En esos años sólo había Derecho, Medicina pero ninguna me interesaba, por lo que terminé dedicándome por completo a ser bibliotecaria, [a la profesión] no se le daba ninguna importancia, ser bibliotecaria era ser una empleada de lo más bajo que podría haber. Empecé por casualidad, ya que cuando estudiaba, bajaba a la biblioteca y platicaba con la bibliotecaria [Carolina Herrera] y en una ocasión me comentó que se iba a retirar y que si no deseaba quedarme en su lugar, por lo que le respondí que sí. Sólo era necesario hablar con el Rector para que me dieran el nombramiento como bibliotecaria” (1).

Para el 9 de enero de 1933 el rector de la Universidad Efraín Gutiérrez Rivas nombraba a la joven bachiller como nueva encargada de la Biblioteca Universitaria (2). En octubre de 1935, el gobernador del estado Cesar Alayola Barrera era sustituido por el Licenciado Fernando López Cárdenas que era su Secretario de Gobierno, tras una Huelga de Ferrocarrileros, este último nombró en febrero de 1936 como nuevo rector de la Universidad del Sureste, al doctor José Jesús Amaro Gamboa, quién realizó reacomodos en la Biblioteca, nombrando como nueva responsable de la misma a la Señorita Adda Campos, quien sería sustituida unos meses después por el estudiante de Medicina Tomás Alvarado Lara (Ruz Hernández 1996:48,49).

Sobre este hecho Doña Mireya nos narra lo siguiente, trajeron al Dr. Amaro de México para que fuera rector y “cambiaron a todo el personal de la biblioteca [Universitaria], a la biblioteca del estado, la Cepeda Peraza que estaba [a un costado] de la Catedral, a lado de la iglesia de San Juan de Dios, esta iglesia era parte de la biblioteca, estaba cerrada y allí se encontraba la colección de libros que perteneció a Crescencio Carrillo y Ancona. Pero el prof Barrera Vásquez no tenía personal, estaba llegando de México y no conocía a nadie, y por casualidad se encontró con que las bibliotecarias de la noche de la Cepeda, se quejaban de que nadie del día quería hacer el turno, entonces el nuevo director decidió que yo trabajase en la Carrillo y Ancona por las noches, ya que yo trabajaba de 18:00 a 22:00 horas en la Biblioteca Central de la Universidad. Y en parte este cambio lo acepte porque el profesor Barrera visitó la Biblioteca Central y me platicó de su proyecto, el cual me agrado” (3). De esta manera se iniciaría una fructífera relación que mostraría sus frutos, entre otras maneras, a través del Boletín de Bibliografía Yucatanense. Más adelante en el apartado correspondiente, retomaremos el papel de Doña Mireya en el establecimiento y funcionamiento de la Biblioteca Carrillo y Ancona y el papel tan activo que desempeñó en la publicación del Boletín.

Ahora simplemente insertaremos algunos párrafos sobre su labor como bibliotecaria, y resaltaremos el hecho de su participación en actividades académicas en una época donde las mujeres tenían poco espacio para desarrollarse en esas labores.

En su estancia en la Biblioteca Crescencio Carrillo y Ancona nos dice que “tenía que hacer fichas, atender al público, clasificar libros, anotar las nuevas adquisiciones, hacer algún artículo del Boletín” y realizar otras actividades. Una de ellas es la siguiente, en 1937 se descubre un diccionario Maya en Austria (4), una copia de este es donada a la Carrillo y Ancona, la copia sirvió para elaborar la ponencia “Un nuevo vocabulario Español-Maya”, con la cual participo en el XXVII Congreso Internacional de Americanistas celebrado en la ciudad de México en 1939. Doña Mireya pudo participar en este congreso gracias al apoyo otorgado por el gobierno y con tal suerte que su ponencia termino por ser publicada en el Libro de Actas de la Primera Sesión el cual fe editado por el INAH.

Anota sobre esta experiencia “entonces de ese diccionario, lógicamente para darle publicidad se hizo un artículo en donde se describía, ya que estaba en manuscrita todo su contenido hasta los nombres en los márgenes, he hice lo que pude y se publicó en el Boletín y creo que en el periódico (…) Pero se dio la casualidad que en ese año de 1939, la Sociedad internacional de Americanistas realizó su reunión en México y entonces el gobierno me dio pasajes para ir a esa reunión y llevar mi artículo y con la suerte que me dieron una medalla” y bromea “ creo que por hacer la travesía, ya que en esa época se tenía que ir a Veracruz en barco y de allí en tren hasta México”(5) .

Entre otras actividades, doña Mireya también participo en la elaboración de la Enciclopedia Yucatanense de la cual tuvo a su cargo el Tomo VIII, que correspondería a la “Bibliografía General Yucatanense” la más completa y minuciosa para su época, la cual hasta la fecha no ha sido superada, aunque obviamente no está actualizada.

Se mantuvo laborando en la Biblioteca Carrillo y Ancona hasta el año de 1959 que regresa, junto al Br. Benito Pacheco Gamboa, a la Biblioteca Central de la UDY por un periodo de tres meses, para suplir la ausencia por licencia de los titulares de ese entonces, los bachilleres Carlos Santos Palomo y Luis Felipe Duarte Moguel. Posteriormente se integraría permanentemente a la Biblioteca Central en el mes de julio de 1961 como Catalogadora oficial de esta biblioteca, con lo que se ocuparía de una tarea que realizaba de manera personal el mismo Director del Departamento de Bibliotecas de la UDY (Ruz Hernández 1996:114, 129,146).

Es de mencionarse que doña Mireya regreso a la Biblioteca Central gracias a la confianza que le deposito el entonces Director del Departamento de Bibliotecas de la UDY, el Lic. Rodolfo Ruz Menéndez, el cual asumió este cargo el 1º de septiembre de 1956 tras ser nombrado por el Rector Lic. Francisco Repetto Milán (Ruz Hernández 1996:108).

Sobre su regreso a la Biblioteca Universitaria nos comenta “estando en la Carrillo y Ancona, por los años 50, el abogado Ruz Menéndez, cuando se hizo cargo de la Biblioteca de la Universidad y vio en que estado estaba, pues me llamó para que fuese a la Biblioteca de la Universidad a trabajar (…) no había oficial de servicio, había uno que medio barría pero los libros no los sacudía nadie, Así cuando terminaba de clasificar terminaba con las manos como si hubiese trabajado con la tierra”(6) .

En la biblioteca Universitaria se vieron los frutos de su trabajo, cuando a finales de noviembre de 1965 el Catalogo General de la Biblioteca Central Universitaria entro en servicio, y en julio de 1966 publicó el “Catalogo de las publicaciones periódicas yucatecas de la Hemeroteca Universitaria” dentro de la Revista de la UDY número 45-46 de mayo-agosto en la cual colaboro junto con el Lic. Rodolfo Ruz Menéndez (Ruz Hernández 1996: 162, 165).

Para 1973 publicó el pequeño libro Origen y Evolución de Progreso el cual fue escrito con motivo de un aniversario más de la fundación de este puerto, decía al respecto “Es que para el aniversario de la fundación de Progreso se hizo un concurso y yo mandé un trabajo donde aparecen todos los informes que yo tenía, porque teníamos muchos de la fundación de Progreso, e hice un librito” (7). En 1975 doña Mireya Priego se jubila de la Biblioteca Crescencio Carrillo y Ancona tras casi 37 años de laborar en esta biblioteca, pero continúo con su labor de Catalogadora en la Biblioteca Central.

Un día importante para ella fue el 2 de octubre de 1976, con motivo del Día del Bibliotecario, recibía de manos del Dr. Rosado G. Cantón, rector de la UDY, un diploma que la declaraba “Bibliotecaria Emérita” por los extraordinarios servicios prestados a la bibliografía yucatanense y al progreso y desarrollo de las bibliotecas Crescencio Carrillo y Ancona y Central Universitaria. El 16 de septiembre de 1977 fue designada por el Licenciado Ruz Menéndez, bibliotecaria técnica y encargada del primer turno, de la Biblioteca Dr. Alfredo Barrera Vásquez de la Escuela de Ciencias Antropológicas. Para mayo de 1983 doña Mireya ya estaba de vuelta en la Biblioteca Central reiniciando su labor de clasificación tras recibirse nuevo material (Ruz Hernández 1996: 256, 265,297; Yucatán 1998 v.5: 205).

En 1986 doña Mireya estuvo a cargo de la Sección de Organización de Recursos Documentales de la Biblioteca Central, cargo en el cual realizo varas exposiciones de libros conmemorativos. Finalmente se jubiló en diciembre de 1988 tras más de 30 años de servicio ininterrumpido a la universidad en sus diversas fases, así como en varías de sus bibliotecas. La falta de su presencia en la Biblioteca Central enseguida se hizo notar, ya que no se le veía organizando los libros y ya no estaba para ayudar a sacar de sus dudas a todo aquel usuario que la necesitara. Al final dio alegría su retiro por que por fin obtenía su tan merecido descanso, pero causo tristeza por que se retiraba tan valiosa persona en la historia de la Universidad (Ruz Hernández 1996: 322-323).

Para terminar de reconocer su valor como persona y como profesional, doña Mireya recibiría diversos reconocimientos en los siguientes años. En 1997 Bibliotecarios del Sureste S.A. (BISAC) le hacía un meritorio homenaje, y en 1998 el gobierno de Yucatán le entregaba la medalla Yucatán por su vida dedicada a la Cultura y por su gran apoyo al desarrollo de las Bibliotecas en el Estado (Yucatán 1998 v.5:205).

Doña Mireya Priego López de Arjona, es una de las primeras profesionales de la bibliotecología en Yucatán. Con el título de Bachiller, título meritorio en su época, supo desempeñar un papel de trascendencia en Yucatán y en su momento se relacionó e interactuó con intelectuales de talla mundial (Morley, Thompson, Roys, etcétera) nos heredó su profesionalismo en la organización de las bibliotecas y su minuciosidad en la investigación bibliográfica, pero sin duda lo más notable de ella es su pasión y dedicación a la profesión.


Gral. Manuel Cepeda Peraza. (1828-1869)

Fuente: Reportajes varios del Diario de Yucatán.
Autores: Juan Francisco Peón Ancona, Eduardo Ruz Hernández.

Año tras año, el 3 de marzo, el gobierno del Estado y la Universidad Autónoma de Yucatán rinden homenaje a uno de los más ilustres actores de la península: el general don Manuel Cepeda Peraza.

Yucateco ilustre, que en sus escasos 41 años de vida, hizo más por Yucatán que lo que muchos otros gobernadores hicieron. Muchas hazañas se pueden contar del general pero las más significativas fueron durante la guerra civil yucateca o "Guerra de Castas". También podemos mencionar su defensa a la integridad del Estado frente al centralismo despótico. Su tenaz custodia de las instituciones republicanas que culminaron en la derrota de las fuerzas imperiales. El restablecimiento de la República en Yucatán. Y por supuesto la visionaria fundación del Instituto Literario. Como gobernador del Estado, Cepeda Pereza realizó una labor incansable de promoción de la educación y la cultura en todo Yucatán. Prueba de ello, dijo, fue la expedición, en 1867, del decreto por el que se erige el Instituto Literario de Yucatán, dando principio a la enseñanza liberal a cargo del Estado y fue el antecedente de la Universidad Nacional del Sureste, que años después se convirtió en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

Comenzó a funcionar el 15 de agosto del propio año en el local del Colegio de San Pedro y su vida se prolongó hasta el año de 1922, en que sobre sus cimientos se levantó la Universidad Nacional del Sureste, hoy Universidad Autónoma de Yucatán. La secularización de la enseñanza había pasado ya por un breve ensayo durante la corta vida del Colegio Civil Universitario. El Imperio malogró este intento, pero el espíritu liberal de la época, cobrando mayor fuerza cada día, al fin logró imponerse y manifestarse firmemente en el campo de la Educación, dando origen a un auténtico movimiento renovador que, iniciado con la creación del Instituto Literario, ha sabido mantenerse desde entonces sorteando con éxito diversas crisis económicas y políticas. Los bienes de que fue dotado el Instituto Literario estaban constituidos por los del extinto Colegio Civil Universitario, entre los que se encontraban los de la Comisión Científica fundada por el Comisario Imperial. Las escuelas que lo integraron y posteriormente se hicieron independientes fueron: la Escuela Preparatoria, denominada propiamente Instituto Literario, Escuela Especial de Medicina, la de Cirugía y Farmacia, la Escuela Especial de Jurisprudencia y Notariado y la Escuela Normal de Profesores, creada en 1868 y que dio origen a su vez, en 1870, al establecimiento de una Escuela de Instrucción Primaria Inferior y Superior para las prácticas de los futuros educadores. También formaron parte del Instituto la Biblioteca Cepeda y el Museo Yucateco.

El general Cepeda Peraza fue también quien después de recapacitar y ser bien aconsejado por el joven abogado Olegario Molina Solís, declinó el honor de ajusticiar a Antonio López de Santa Ana quien siendo presidente de México, había puesto precio a su cabeza y había "vendido" la mitad del territorio mexicano a los E.U. Tras un gran ejercicio de entereza de corregir decisiones ya tomadas y escuchar la voz de la prudencia, cambio sus órdenes de fusilar al Gral. López de Sta. Ana por un simple arresto, enviarlo a Veracruz, donde se le juzgó y mandó al destierro. Finalmente el Gral. Cepeda falleció de tuberculosis el 3 de marzo de 1869 en su domicilio.



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