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La lectura modifica la manera de funcionar del cerebro

Por Christine Courcol (AFP)
 12/11/2010

PARÍS — El aprendizaje de la lectura, un fenómeno muy reciente como para haber influido en la evolución genética, tiene un impacto importante sobre el cerebro, que se adapta y utiliza, con independencia de la edad de alfabetización, regiones cerebrales destinadas a otras funciones.

     "No hay un sistema cerebral innato especializado en la lectura, tenemos que hacer bricolaje, utilizar sistemas que ya existen", explicó a la AFP Laurent Cohen, investigador del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia (INSERM) y uno de los responsables del estudio, publicado el jueves por la revista estadounidense Science, conjuntamente con Stanislas Dehaene.

     Los investigadores han logrado medir, mediante un IRM (Imagen por Resonancia Magnética), la actividad cerebral de 63 adultos voluntarios con diferentes índices de alfabetización: 10 analfabetos, 22 personas alfabetizadas en edad adulta y 31 personas escolarizadas desde la infancia.

     La investigación se realizó en Portugal y Brasil, países en los que hasta hace unas décadas, era "relativamente frecuente" que los niños no fueran escolarizados. Los adultos fueron sometidos a diferentes estímulos, tales como frases orales y escritas, palabras, rostros...

     Los investigadores constataron que el impacto de la alfabetización sobre el cerebro "era mayor que lo que estudios precedentes daban a entender" y concernía tanto a las áreas visuales del cerebro como aquellas utilizadas para hablar. "El aprendizaje de la lectura activa el sistema visual en las regiones especializadas en la forma escrita de las letras, lo que es normal, pero también en las regiones visuales primarias, aquellas adonde llega toda la información visual", precisó Cohen.

     Así, en la gente que aprende a leer, las respuestas aumentan también en las regiones primitivas "cuando presentamos tableros horizontales, puesto que nuestra lectura es horizontal, y no cuando presentamos tableros verticales", según el investigador.

     El cerebro recurre también a las zonas especializadas en la lengua escrita, puesto que la lectura "activa el sistema del habla" para tomar consciencia de los sonidos y permite "establecer relaciones entre el sistema visual y el sistema del habla, las letras escritas y los sonidos", subrayó Cohen.

     El aprendizaje de la lectura, incluso en la edad adulta, provoca en el cerebro una redistribución de una parte de sus recursos. De esta manera, el reconocimiento visual de los objetos y las caras cede parte de terreno a medida que aprendemos a leer y se desplaza "parcialmente hacia el hemisferio derecho". Aún se desconoce si aprender a leer tiene una consecuencia negativa sobre la capacidad de reconocimiento de los rostros.

     Los investigadores también constataron que la alfabetización a edad adulta tiene el mismo impacto en el cerebro que el aprendizaje durante la infancia. En los adultos que aprenden a leer, "los cambios que esto provoca son casi los mismos" que en los que se alfabetizaron en la infancia, aunque aquellos no obtienen tan buenos resultados por la falta de entrenamiento, concluyó Cohen.

Los Fantasticos Libros Voladores de Mr. Morris Lessmore

Les dejamos este corto, recomendado por el mediador Manuel Tejada. Es un corto que habla sobre el como creamos nuestro legado, y de que a pesar de ya no estar presentes en el futuro, los libros se encargan de transmitir nuestra obra y ser una gran influencia para las generaciones futuras.

Un hermoso homenaje a todos los escritores, mediadores, bibliotecarios y lectores.

Disfrútenlo:

treintalibros.blogspot.com

En esta ocasión les proponemos este juego, ejercicio de memoria, oportunidad de recomendar o comentar los libros más significativos y reflexión sobre nuestro experiencia lectora, pueden hacerlo como indican: un libro por día o hacer su lista de una sola vez, como ustedes quieran.

Reto de los 30 libros


1. Uno que leyó de una sentada.
2. Uno que se haya demorado mucho en leer.
3. Uno que sea un placer culposo.
4. Uno que le gusta a todos menos a usted.
5. Uno de viajes.
6. Uno de un nobel.
7. Uno muy divertido.
8. Uno para leer por fragmentos.
9. Uno con una excelente versión cinematográfica.
10. Uno con una pésima versión cinematográfica.
11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar.
12. Una biografía.
13. El primer libro que leyó en su vida.
14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.
15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.
16. Uno ruso que sí haya leído.
17. Uno de este año.
18. El que más veces ha leído.
19. Uno que lo haya sorprendido por bueno.
20. Uno que lo haya sorprendido por malo.
21. Uno de cuentos (no valen antologías).
22. Uno de poemas (no valen antologías).
23. Uno que le gustaría volver a leer en su vejez.
24. Uno que no le prestaría a nadie.
25. Uno para aprender a perder.
26. Uno que asocie con la música que le gusta.
27. Un libro que le regalaron y no le gustó.
28. Uno que lo haya asustado.
29. Uno que se haya robado.
30. Uno que pueda salvar vidas.


¡Qué se diviertan!


"Seguiré leyendo mientras me quede un soplo de vida"



ENTREVISTA: HAROLD BLOOM Crítico literario

© Por Eduardo Lago
Públicado el 04/09/2011
en http://www.elpais.com

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Pasear por la literatura de la mano de Harold Bloom, uno de los mejores críticos de la historia, es un privilegio que ahora se multiplica gracias a 'La anatomía de la influencia', libro-testamento en el que muestra la fuerza su legado.
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Luz de agosto, la misma que hace 11 años, cuando lo entrevisté por primera vez, en verano de 2000. La casa, el jardín, las ventanas selladas, todo tiene el mismo aspecto. Entonces Harold Bloom era un hombre de 70 años, pletórico de energía, con bastantes kilos de más. Hoy me recibe un anciano enflaquecido que se apoya fatigosamente en un grueso bastón negro. Todo en la casa sirve de soporte a torres de libros, que se amontonan en los sofás, las sillas, los alféizares de las ventanas, en el suelo. Bloom dice haber superado ciertos problemas de salud, que califica de catástrofes. Constantemente bebe agua de una especie de biberón de plástico que recuerda la retorta de un alquimista. Es el crítico literario más importante de nuestro tiempo, por ser el único que ha sabido hacer llegar su portentosa sabiduría al lector normal, sin renunciar un ápice a la exigencia de calidad que es el distintivo de la gran literatura. Autor de más de 40 obras e innumerables estudios y artículos, Harold Bloom (Nueva York, 1930), que ocupa la Cátedra Sterling de Literatura de la Universidad de Yale desde hace más de medio siglo, acaba de añadir a su importante nómina de publicaciones un nuevo título: La anatomía de la influencia. En él vuelve sobre su más importante aportación al campo de los estudios literarios, el concepto de influencia. Se trata de una noción de considerable complejidad técnica, que Harold Bloom convierte aquí en el eje de un recorrido apasionante por las lecturas en que ha invertido toda su vida o, para decirlo parafraseando el título de su obra más emblemática, El canon occidental, un paseo por las mejores obras literarias de la historia. Simplificándolo al máximo, la influencia poética es un mecanismo que explica el proceso histórico de creación literaria, que Bloom caracteriza como una batalla formidable que los grandes creadores literarios de cada era se ven obligados a entablar con sus precursores, a fin de liberarse de la agónica influencia que ejercen sobre ellos los gigantes que los antecedieron. Alejándose del tecnicismo inherente a tan complejo proceso, Bloom desplaza el énfasis del libro a un terreno más humano y accesible, acercándolo a la realidad del día a día, como subraya el subtítulo que ha elegido para su obra: La literatura como forma de vida.

-La anatomía de la influencia es mi summa literaria, mi legado como crítico. El testimonio final de una vida dedicada a los libros. El verdadero asunto es la pasión por la literatura. Para mí, leer es la única manera de dar sentido a la vida. En el libro tiendo un puente a los millones de lectores auténticos de todo el mundo, lectores anónimos que contra viento y marea, pese a que corren tiempos terribles para la verdadera literatura, se niegan a renunciar a ella.

-¿Es su canto del cisne?

-En el sentido de que seguramente ya no tendré ocasión de escribir ninguna obra de la misma envergadura.

En lugar de hacer preguntas, sugiero leer en voz alta breves fragmentos, invitándole a iluminarlos con sus comentarios. Bloom acepta. "Gertrude Stein observó en una ocasión", leo, "que uno escribe para sí mismo y para los desconocidos, lo cual yo traduzco como hablar conmigo mismo, que es lo que nos enseña a hacer la gran poesía, y hablar con los lectores disidentes, aquellos que buscan instintivamente en solitario la literatura de calidad, desdeñando a los devoradores de J. K. Rowling y Stephen King, que llevan a sus seguidores al suicidio intelectual, haciendo que se despeñen en el océano gris de Internet".

"Hoy día se ha producido un abandono de toda exigencia estética y cognitiva que son las señas de identidad de la gran literatura. La literatura imaginativa, tal y como la cultivaban Shakespeare, Cervantes, Dante y Montaigne, ha cedido ante la basura abominable de best sellers como los que acaba de citar y cualesquiera sean sus equivalentes en España y el resto de los países del mundo. ¿Qué se puede hacer ante una situación así? Llevo años luchando contra ello, pero sé que es una batalla perdida".

Leo la siguiente frase: "Todos tememos la soledad, la locura y la muerte. Whitman, Leopardi o Hart Crane no nos curarán de esos espantos, y sin embargo esos poetas nos traen el fuego y la luz".

"Comentar eso es decir por qué leemos, por qué vivimos. Supongo que lo esencial es la alusión al fuego y la luz, manifestaciones elementales de la fuerza vital. En realidad, todo se reduce a la emoción y al deseo, a la palabra, el dabar de la Biblia hebrea, el logos de los griegos, o dicho de otro modo, el amor por cuanto vive".

Dentro de unos días regresa a la universidad, a impartir clases. La enseñanza, junto con la lectura y la escritura crítica, son sus grandes pasiones: "Será mi 56º año consecutivo como profesor de Yale. Si algo tengo claro es que jamás voy a retirarme. Jamás dejaré de enseñar ni de escribir". Bloom comenta que en estos momentos está escribiendo tres libros: un estudio de cinco figuras clave de la literatura norteamericana, un novelista y cuatro poetas (Herman Melville, Emily Dickinson, Wallace Stevens, Walt Whitman y Hart Crane). "Los otros dos libros se apartan radicalmente de lo que he hecho siempre: de una parte, unas memorias literarias que espero concluir antes de morir y, más novedoso aún en alguien como yo, una obra de teatro sobre Walt Whitman".

-¿Se sabe de memoria mucha poesía? ¿Le gusta recitarla?

-Toda, toda la poesía que hay bajo el sol. Esta mañana me desperté recitando la estrofa final del Diálogo entre el yo y el alma, de William Butler Yeats:

"Me contenta seguir hasta su fuente / todo evento en acción o pensamiento. / ¡Medirlo todo; perdonármelo todo! / Cuando así me libero del arrepentimiento / fluye tanta dulzura en nuestro pecho / que debemos reír y debemos cantar, / pues todo nos bendice, y es bendecido también / todo cuanto miramos".

Bloom acerca a la boca el biberón de agua. El gesto trasluce la extraña cercanía entre la ancianidad y la infancia.

-¿Recuerda a Harold Bloom cuando era un niño de 5 o 6 años?

-Lo recuerdo muy bien. Era un niño muy solitario, el menor de cinco hermanos, tres niñas y dos niños. Me refugiaba en un rincón del piso, en el Bronx, y me pasaba el día leyendo.

-¿Puede evocar algunas de las lecturas más importantes de aquellos años?

-Ingentes cantidades de poesía, en yiddish, y luego, cuando aprendí a leer inglés por mi cuenta, con 6 años, traducciones de las sagas nórdicas. Pero quizás el libro que más me afectó fue Moby Dick, con 11 años. Me hizo experimentar una angustia y un horror metafísicos que solo había sentido con Shakespeare.

Llega la hora de hacerse la foto, ritual al que Harold Bloom se somete con júbilo casi infantil. Elige cuidadosamente una gorra de los New York Yankees, de los que se declara fervoroso fan. Es conocido su empeño por hacer ejercicio durante las entrevistas. En este caso, se limita a subir y bajar las escaleras de madera que dan al jardín trasero de la casa. "Pregunte lo que quiera", dice. Aprovecho la ocasión para pedirle que se pronuncie sobre la gran novela norteamericana de nuestro tiempo. "Los grandes novelistas americanos vivos", responde con resolución, "son Philip Roth, Don DeLillo, Cormac McCarthy y el misterioso Thomas Pynchon, probablemente el mejor de todos ellos".

Tras decir esto, Harold Bloom da por terminada la entrevista, manifestando encontrarse muy cansado, y nos acompaña hasta la puerta. Inopinadamente, el fotógrafo le espeta: "Profesor Bloom, ¿le viene a la memoria un retrato memorable de un rostro hecho con palabras?". "El espejo de mano, de Edgar Allan Poe, un texto terrible", responde.

Al llegar a Nueva York, busco el poema, que es, en efecto pavoroso, solo que no lo escribió Poe, sino Walt Whitman, y consiste en una descripción escalofriante del cuerpo repugnante de un anciano. El desliz revela qué es lo que Bloom ve al asomarse al espejo: la muerte misma, que él mantiene a raya azogue en mano. Unos minutos antes, en el curso de la conversación, evocaba un verso de su amigo Mark Strand que dice: "El espejo no es nada sin ti".

Harold Bloom cierra la puerta tras de sí, dejándonos con la sensación de que al irnos no se queda solo en la casa. Lo acompañan voces, ecos, versos y frases que necesita recitar: "Decía Valéry que los poemas no se acaban, sino que se abandonan. Tampoco es posible escaparse del laberinto de la influencia. Una vez que se llega a su centro, eres tú quien empieza a ser leído con más fuerza de la que te ha sido conferida para adentrarte en la imaginación de otros. El laberinto es la vida misma. No puedo poner punto final a este libro, porque tengo intención de seguir leyendo mientras me quede un soplo de vida".





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IGUAL QUE EL MATRIMONIO



Historias de Lectura



Por: Ma. Teresa Figueroa Damián. ®
Ganadora del X Concurso Nacional "Historias de lectura", en 2007.



Las tardes nubladas, de lluvia intermitente y leve me recuerdan otra tarde.

José, mi esposo había estado con malestar por varios días pero ese día se sentía aún peor. Ya había ido al IMSS varias veces pero su situación no mejoraba. Esa tarde decidimos ir a Urgencias. Encargué a una vecina que cuidara a nuestros niños y salí a buscar un taxi que nos llevara al hospital. De la mesa del comedor casi inconcientemente tomé un libro.

En urgencias la espera fue corta, el médico ordenó que se trasladara a mi marido al Hospital Regional que está en Coatzacoalcos, más o menos a hora y media de distancia de Acayucan, donde vivíamos. Era febrero, mes que en la región es período de los llamados nortes, soplaba un viento frío y caía una llovizna pertinaz.

Demoramos una o dos horas haciendo trámites administrativos, trayendo y llevando expedientes, solicitando firmas y sellos que son necesarios para estos casos. José no se quejaba, únicamente se veía sin ánimo, sin voluntad, con una indiferencia que me asustaba más que si hubiera mostrado dolor.

La ambulancia nos condujo de una manera rápida y eficaz. Mi esposo iba en la camilla y yo en una pequeña banca que estaba a un lado. A través de la ventana entre la cortina de lluvia veía los potreros con ganado, los cañaverales, los manchones de ceibas y de parotas, finalmente los pantanos me indicaron que estábamos llegando a Coatzacoalcos.

La entrada al hospital de una ambulancia es angustiante. Cesó el sonido de la sirena que nos había acompañado durante todo el trayecto, los paramédicos abrieron desde fuera las puertas y de inmediato bajaron la camilla que velozmente desapareció tras unas puertas de cristal.


- No puede entrar, me dijeron.

Me dieron la ropa de José:

-Vaya a la Sala de Espera, ahí le llamarán.


La sala de espera del hospital estaba fría, había hileras de asientos casi todos ocupados. Las personas tenían aspecto de cansancio pero sobretodo de incertidumbre, porque quienes estábamos ahí hubiéramos deseado que nos dijeran de inmediato el estado de nuestro familiar, el diagnóstico, el tratamiento… esa información tarda en llegar un tiempo que parece interminable.

Me senté en una de aquellas sillas y me di cuenta de que sentía un nudo de angustia, de soledad y de tristeza justo en la boca del estómago. La lluvia no dejaba de caer. Llevaba varias horas sin comer y busqué algún dulce en mi bolsa, ahí mis manos tropezaron con el libro, lo abrí al azar:


“También otros soportaron el antiguo peso de la vida,

Y otros hicieron también este largo viaje...

Hermano, nadie es eterno y nada perdura.

Tenlo presente en tu corazón y alégrate, hermano.”

Aquellas palabras me estaban hablando a mí. Recuerdo que lloré despacio, suavemente porque lo que leía no sólo expresaba tristeza, sino paz, consuelo:


“Es preciso un gran silencio para ensayar

Una perfecta armonía.

El amor debe abandonar sus juegos para apurar

La copa del dolor y renacer en el cielo de las

Lágrimas.

Hermano, tenlo presente en tu corazón y alégrate.”


Seguí leyendo y poco a poco fui sintiendo que aquella angustia se iba disipando, sentí como si alguien estuviera a mi lado, no estaba sola, quien había escrito el libro estaba conmigo, hablándome, acariciándome suavemente con sus palabras, diciendo que la vida estaba ahí y que José y yo teníamos la fortaleza para afrontar lo que ésta nos diera.

Fue una noche muy larga. A las 5 de la mañana me avisaron que mi esposo se encontraba mejor y que sería enviado a piso. Por la mañana podría verlo. Había parado de llover y el sol empezaba a brillar como una sonrisa. Leí la última poesía del libro:


“¿Quién eres tú, lector, que dentro de cien años

Leerás mis versos?...

Te deseo que sientas, en la alegría de tu corazón

La viva alegría que floreció una mañana de primavera,

Cuya voz feliz canta a través de cien años.”


Por primera vez en toda la jornada me pregunté quién habría escrito aquel texto que tan amorosamente me acompañó durante esa noche. Vi el libro. Era “El Jardinero” de Rabindranath Tagore.

Aquella fue la primera de muchas noches que ha habido en nuestra vida. A José le detectaron una enfermedad crónica que está siendo controlada pero que con frecuencia lo lleva a ser hospitalizado y a mí a pasar mucho tiempo en las Salas de Espera del IMSS.

Conozco la angustia y la incertidumbre de las largas jornadas de espera, pero nunca de la soledad, porque igual que con José: en lo próspero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad siempre hay un libro que me acompaña.



Fuente: http://salasdelectura.conaculta.gob.mx



¿Quiénes son? Promotores de Lectura




J. Vicente Romero Ortíz ®

Este pensamiento de Tetrarca lo encontramos en el excelente libro: “Una historia de lectura” de Alberto Manguel, quien trabajando en una librería conoció a Jorge Luis Borges, quien le ofrece el trabajo de leerle en voz alta. Manguel nos cuenta que le leía y cuáles eran las reacciones de Borges, por lo que escuchaba. Así es la narrativa de Manguel: proporciona una historia que genera recuerdos personales, conceptos teóricos claros que nos permiten recordar nuestras experiencias como las primeras lecturas, lo que leemos hoy en la cama, y cómo las lecturas nos relacionan con nuestro entorno.


La palabra “PROMOTOR”, se forma de PRO = a favor de y MOTOR = movimiento. Es decir: promotor de lectura es el que hace algo para que los demás lean, es el que tiene ideas para sensibilizar, para que nazcan lectores, como el que contagia narrando lo que lee para despertar en otros el gusto por leer.


Hace días tuve el honor de conocer a la Profesora Rosario Álvarez Jiménez, quién dedicó su vida, por más de 35 años, a promover bibliotecas coloridas, vivas, con normas sencillas de uso, donde jóvenes y niños, hoy disfrutan el acto de leer como juego placentero; en su cálida casa, al norte de Cuernavaca, su voz emocionada narró su lucha para que las instituciones educativas de México cambiaran esencialmente su labor de inducción a la lectura por formas vivencialmente atractivas, de juegos, cantos y lecturas en voz alta, logrando reconstrucciones interactivas de los cuentos donde los niños lectores deciden cambios de personajes, elección de tramas y finales de historias. Con ojos humedecidos recordó su labor frente a niños de ambientes sociales de alto riesgo y delictivos, que revaloraban sus vidas con sentido de hogar, en el ambiente lúdico de la biblioteca. Honor a quien honor merece, reconocemos en ésta columna a la Profesora Rosario Álvarez Jiménez por su calidad de formadora de lectores, es decir de: PROMOTORA DE LECTURA.


Hablando de esto, recuerdo un libro titulado “¡ODIO LEER!”, que nos cuenta que una tarde Víctor, su personaje principal, estaba en su escritorio fingiendo que leía para después ver la tele, cuando de pronto un cocodrilo con chaqueta blanca salió de una página de libro invitándolo para que lo acompañara por caminos de letras y palabras en el libro; y Víctor de defendió argumentando: “¡pero yo odio leer!”, sin embargo Víctor inesperadamente se encontró dentro de la historia realizando un viaje en compañía de un conejo saltarín de botas negras de granjero quien le contó historias dignas de noticias periodísticas, cuando apareció también en escena una rana con sombrero, de pluma y aire intelectual, a la que le urgía convertirse en príncipe, y que le solicitaba ayuda a Víctor, cuando entonces….. sucedió que……


Como ven los personajes lograron que Víctor viviera una aventura leyendo, y lo principal: ¡se hizo lector! A pesar de tener una terrible enfermedad contagiosa y contemporánea: ¡odiaba leer! Los libros son portadores, al leerlos, de mensajes significativos y silenciosos capaces de alterar la existencia de un niño, de un pueblo, o de una cultura.


Un promotor de lectura acerca de manera amena y atractiva los libros a la vida de los niños logrando la quijotesca tarea de animar su lectura, acompañándolos en su “llegar a ser” y aprendiendo a mirar el mundo, es decir leyendo para ver.


CONACULTA con excelente visión ha promovido la ASOCIACION NACIONAL DE PROMOTORES DE LECTURA A.C., y cada año se organiza un encuentro nacional que los actualiza en la bella labor que reconocemos como humanamente grandiosa. ¡FELICIDADES!.

Me despido, queridos lectores narrándoles que Don Santiago, viejo de 80 años, fue quien hace mucho se robó las letras. Hoy en su hamaca, lee un libro. Absolutamente concentrado, va entretejiendo las letras arrebatando al papel el sentido de su mensaje. El sonríe por cada palabra que le roba al libro. De niño vio con tristeza que los niños blancos aprendían las letras cuando descubrió que él era indio. Fue de joven, que decidió cambiar las cosas: Si nadie le iba a enseñar a leer y a escribir, por ser indio ¡él se robaría las letras! Y lo empezó a hacer despacio, en silencio y sin que nadie se diera cuenta: una letra cada vez, primero cómo suena, luego cómo se escribe y después juntarlas y después repetir las palabras que empiezan con ella. Desde ese día su morral además de frutas y pozol, llevaba papel y lápiz para pintar las letras que se robaba; escribiendo letras deletreo palabras. Un día cuando se había robado ya todas las letras, supo leer y escribir. Hoy de viejo, comparte sus secretos: narra los secretos que todos los días le arranca a pedazos a las páginas de los libros que llegan a sus manos.


Queridos lectores: seamos todos PROMOTORES DE LECTURA: acerquemos con nuestras palabras textos bellos a nuestros niños, para que entre cuentos nos leamos.


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Literatura contra violencia



® LUIS GUILLERMO HERNÁNDEZ ARANDA

En los lejanos 80's, la banda irlandesa U2 compuso uno de sus temas más emblemáticos: Sunday Bloody Sunday (Domingo sangriento). Esta canción fue escrita a raíz de los incidentes del llamado Domingo Sangriento de 1972, en el que murieron 14 católicos asesinados por soldados británicos en Irlanda del Norte. Sin embargo su letra bien puede aplicarse a la realidad que vive México y particularmente La Laguna. En el primer verso de dicha canción Bono canta: "No puedo creer las noticias de hoy.

"No puedo cerrar los ojos y hacer que desaparezcan".

Al menos yo, y creo que muchos, es la sensación que sentimos al hojear los periódicos o ver los noticieros, donde más que noticias parece que los medios nos dan un parte de guerra. Los muertos ya forman parte de la cotidianeidad. En todo el país se habla de "daños colaterales", de una guerra contra el crimen organizad cuyos beneficios muchas voces cuestionan. Tan sólo en Torreón las estadísticas sobre el número de muertes violentas se han disparado a rebasar los 300 asesinatos. Prácticamente se puede decir que en nuestra ciudad matan a una persona al día. Contra esta violencia se habla de más policías, de más dinero, más armamento, estrategia que por muchos años se ha aplicado y sin embargo, los ciudadanos cada día que pasa nos sentimos más inseguros, y lo que es peor la realidad ya no nos espanta.



"Y es verdad que estamos inmunizados, cuando los hechos son ficción y la TV es la realidad, y hoy los millones lloran", canta en otra estrofa U2. Ante esta pérdida de asombro y de valores, bien vale la pena voltear a la literatura para utilizarla como un "arma" que nos proteja de los tiempos violentos que ahora se viven. Es un hecho que la lectura fomenta la capacidad de reflexión, análisis, síntesis e interpretación; pero sobre todo nos ayuda a ser mejores seres humanos, sensibles al mundo que nos rodea.

Hoy más que nunca se requieren valores como la solidaridad, la ética, además de ser sensibles y no perder nuestra capacidad de asombro. Todos estos atributos podemos adquirirlos con el hábito de la lectura.

Hasta el momento el gobierno federal ha apostado sólo por la violencia, dejando de lado un proyecto integral donde la educación sea la piedra angular para combatir la delincuencia y alcanzar el desarrollo. El escritor Felipe Garrido, gran promotor de la lectura, ha advertido lo nocivo que puede ser para la sociedad el apostarle sólo a las armas como estrategia para erradicar la violencia. Para Garrido de seguir así, México se convertiría en un país en el que todos debemos ser policías.

"Tal vez sea una solución inmediata; pero no lo es ni de mediano ni de largo plazo; la solución a mediano plazo es la educación, y la educación comienza por la lectura".

Aclaró que no estoy proponiendo enfrentar a los delincuentes con libros, sino como sociedad ver más allá de los balazos. Cada vez son más los niños y jóvenes que ingresan al mundo del crimen, sin duda la falta de oportunidades, pero sobre todo de educación, es lo que convierte a los jóvenes en un sector muy fácil de seducir por parte de los delincuentes.

La violencia ha dejado de ser inédita para convertirse en una realidad por demás dolorosa. Al menos yo, cuatro años después de que Felipe Calderón declarará la guerra al crimen organizado me identifico con Bono cuando canta: "Y la batalla no ha hecho más que comenzar. Hay muchas pérdidas, pero ¿puede alguien decirme quién ha ganado?" Y es que esa la pregunta que todos los días yo y muchos nos hacemos: ¿quién va ganando?


http://www.elsiglodedurango.com.mx

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Sala de lectura en Ingeniería amplía el bagaje de los docentes

México, 30 Jun. (Notimex).- Un profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) emprendió hace seis años el reto de motivar en sus compañeros el gusto por los libros estableciendo una Sala de Lectura.

En entrevista, Enrique Fabián Cervantes habla sobre la experiencia de fomentar la lectura al interior de la máxima casa de estudios, tratando de contagiar a sus colegas su pasión por la literatura.

Su proyecto forma parte del Programa Nacional Salas de Lectura que impulsa Conaculta, a través de la Dirección General de Publicaciones y la Adjunta de Fomento para la Lectura y el Libro. Después de una década de trabajo, dicho programa ha logrado activar tres mil 771 salas distribuidas en todo el país.

La de Cervantes es una de ellas; ésta iba a operar en un principio en su casa de la Magdalena Contreras; sin embargo, como pasa mayor tiempo en la facultad decidió trasladarla a este lugar, generando resultados muy positivos entre la comunidad, especialmente la académica.

"Me dí cuenta que hacía falta mucha lectura entre mis compañeros. Llevo casi 30 años dando clases aquí y percibí que muchos de los profesores no lee, no obstante que son de licenciatura. Por eso, comenzamos a reunirnos en un taller de lectura que funcionó tan bien que me animé a dirigir una sala".

El profesor, quien imparte las materias de Cultura y Comunicación, así como Literatura hispanoamericana contemporánea, se siete satisfecho de su labor, ya que poco a poco los académicos han respondido de manera favorable a la invitación que él mismo les hace.

"Les avisamos que tenemos un taller de lectura, que se animen a conocer el trabajo que hacemos y los libros que tenemos, los cuales pueden ser de su interés. Por fortuna cada vez hay más compañeros entusiasmados, hasta una profesora emérita se ha vuelto una participante asidua".

"No había un proyecto como tal de fomento a la lectura -en la Facultad- hasta que se dio la oportunidad de que Conaculta me permitiera emprender una labor que me fascina, pues siempre me ha gustado leer y ahora compartirlo es un privilegio".

"Desde 1967 Javier Barros Sierra pidió a todas las facultades de ciencias que establecieran las ciencias sociales y de humanidades para darle una formación integral de los alumnos. Y la que más hizo caso a este llamado fue precisamente la de Ingeniería, que empezó con un pequeño departamento y ahora cuenta con toda una división de estudios y materiales obligatorias relacionadas".

Cervantes se unió desde hace seis años a este esfuerzo emprendido por la Facultad de Ingeniería para dar una enseñanza integral por medio de una Sala de Lectura que les permite acercarse a los académicos a un arte que enriquecerá su bagaje cultural.

Un día a la semana (los jueves de las 18:00 a 20:00 horas) se reúnen en la sala que se ubica en el edificio principal de la facultad.

La novela y el cuento son los dos géneros preferidos de los maestros que acuden al taller, especialmente de autores mexicanos. Cervantes comenta que son propuestas que les causan interés debido a las temáticas y los planteamientos propuestos.

El académico aclara que también se atiende a los alumnos, pero a éstos se les prestan los libros o se les invita a participar en lecturas en voz alta en las aulas; su labor está más encaminada a fomentar el hábito de la lectura entre el personal docente.





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¡Si quiera se iba la luz!

Los hijos olvidarán que hayamos mantenido la casa siempre limpia,
pero en cambio recordarán siempre que les leíamos cuentos.
Betty Hinman

Con esta cita quiero resaltar que mi relación con los libros empieza de manera decisiva desde los primeros años.

Vivíamos en un pueblo en el que con frecuencia se interrumpía la energía eléctrica por la noche, lo que era el suceso más emocionante pues equivalía a que se suspendieran todas las rutinas; nos reuníamos con mamá, quien nos contaba, alrededor de una vela, leyendas y anécdotas de la vida ferroviaria, pues mi padre fue jefe de muchas estaciones del Ferrocarril de Antioquia y cada estación tenía su propia historia. Los relatos que más nos gustaban eran precisamente los de espantos, y el ambiente no podía ser más propicio.

Además de estos momentos mágicos papá escogía algunos ratos para leernos cuentos. Lo hacía de tal manera que cuando consideraba que ya era hora de irnos a dormir, terminaba una sesión en un punto crítico de la trama, dejándonos a todos en gran suspenso, de tal suerte que la expectativa sobre lo que iría a pasar quedaba viva para el día siguiente, como en las radionovelas, ¡ni más ni menos!

Otro encuentro memorable fue el día que llegó a la casa una caja de madera herméticamente sellada. Al preguntar por su contenido, me dijeron que era El tesoro de la juventud . Mi decepción fue grande cuando sólo vi 20 libros. Yo me imaginaba un tesoro, en sentido literal. Pero cuando papá empezó a leernos su contenido las fábulas de Esopo, Alicia en el País de las Maravillas , las historias de las batallas más famosas, los relatos de exploradores y pioneros ahí sí nos dimos cuenta de que realmente era un tesoro. Lo grandioso es que se reviven muchos de esos relatos como si fuera una película. Uno puede jurar que a Julio Verne lo conoció, lo vio en el cine o en la televisión, cuando la realidad es que, gracias a esos momentos luminosos, ésa y muchas otras leyendas fueron incorporadas mediante la escucha. Con esta experiencia cobra toda su fuerza aquello de que La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos, además de buenos hábitos, son buenos recuerdos. Y fueron esas primeras experiencias las que me han permitido mantener un estrecho vínculo con los libros; ellos hacen parte de manera natural, de mi vida cotidiana.

Claro que hay algunos libros que nos afectan más que otros. En mi caso, la biografía de Albert Schweitzer fue definitiva para elegir profesión. Me impactó su enorme capacidad de trabajo y entrega y lo multifacético de su vida (médico, filósofo, compositor) y cómo empleó todo ello para los desposeídos del África. Cuando uno recuerda lo que él hizo, ¡se reconcilia otra vez con el género humano!

Para finalizar, la recomendación de algunos libros: Cristo de nuevo crucificado y Hermanos y enemigos de Kazantzankis, La ciudad de la alegría , de Dominique Lapierre, Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam. Y para comprender en toda su dimensión el valor del fomento de la lectura, la obra de Michele Petit Lecturas: del espacio íntimo al espacio público.



Articulo tomado de la Revista:


Revista editada por :Fundalectura. Esta editorial fue creada en 1990 con el propósito de trabajar por el desarrollo y el fomento del libro y de la lectura en Colombia. Coordina la Red Nacional Prolectura y es la sección colombiana de la Organización Internacional para el Libro Juvenil, IBBY.

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Vigésima segunda edición

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