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Los Fantasticos Libros Voladores de Mr. Morris Lessmore

Les dejamos este corto, recomendado por el mediador Manuel Tejada. Es un corto que habla sobre el como creamos nuestro legado, y de que a pesar de ya no estar presentes en el futuro, los libros se encargan de transmitir nuestra obra y ser una gran influencia para las generaciones futuras.

Un hermoso homenaje a todos los escritores, mediadores, bibliotecarios y lectores.

Disfrútenlo:

Volver a la infancia.





La sorpresiva lluvia del sábado, no cabe duda, era para Agustín Monsreal. Tenía su nombre en mayúsculas. En su libro "Juguetería literaria" el escritor define a la lluvia como el "agua que cae del cielo de muchísimas maneras, tantas y tantas, que casi podría decirse que hay una para cada quien y una para cada circunstancia". Por eso decimos que la del sábado, en el marco del homenaje al maestro Monsreal, era única y exclusivamente para él.

Reunidos en el CECUNY de Mejorada, ahí donde alguna vez dragones y soldados, el aguacero fugaz fue el preámbulo de una llovizna cargada de evocaciones. Los Niños Cantores de Yucatán prepararon un regalo muy especial para el escritor homenajeado: seis canciones estupendamente interpretadas que inundaron de emoción el instante.

Poco antes de las seis de la tarde el maestro Agustín Monsreal arribó acompañado de su esposa Laura Barrientos y Luis Solís Vázquez, Director de la Biblioteca Manuel Cepeda Peraza. No estoy seguro si ya desde entonces las aisladas gotas de aquella llovizna eran recuerdos lejanos que caían desde algún cielo de la infancia del escritor, pero aquel niño que años atrás, chapoteando en la calle 78 del Barrio de Santiago se había cortado la pierna por accidente, ya estaba ahí tomando su lugar en la primera fila.

Llueven las dos primeras canciones: "El tuqueque" y "La muñeca fea", de Emilio Sojo. La voz conjunta de los Niños Cantores de Yucatán no es otra cosa que un tierno murmullo de inocencia y dedicación. Los dirige el profesor Gaspar Gamboa Sosa mientras que sobre el teclado la profesora Teresita Novelo Pavía hilvana las melodías.

Pienso en los años que me aventaja el maestro Monsreal, son cuarenta, los mismos que cumple como escritor. No imagino la infinidad de cosas que habrá vivido en cada uno de esos días, la cantidad de sueños, palabras, ficciones que de él han emanado. Quizá por eso hoy su paso es calmo y sereno como esos árboles de la plaza que dan tanta sombra y necesario oxígeno.

Y mientras, mientras la tierna llovizna de estos niños y niñas continúa con otra canción. El auditorio los aplaude, el homenajeado también, la emoción persiste. Lo mismo sucede cuando Justino Carrillo, Mirza Herrera (Mediadores de Salas de Lectura) y Jorge Cortés leen fragmentos de algunos cuentos de Monsreal que al público hacen reír.

Monsreal toma la palabra. Los niños cantores, atentos, escuchan. El escritor les habla sobre la felicidad, sobre la maravillosa edad de la infancia: "yo también fui niño", les dice. Y emprende un excelso discurso que reflejó en cada palabra la emoción contenida. Agustín Monsreal volvió a la infancia únicamente para reflexionar este presente. Hizo alusión al día en que chapoteando en su calle de Santiago se cortó la pierna y pensó que el mundo se acababa, que no recibía la atención necesaria.

Esa cortada a la distancia, admite, "ha sido lo mejor que he tenido". Es Monsreal hablando del amor y de la felicidad. Es el gran escritor afirmando que la literatura lo ha hecho útil y feliz. "La literatura ha sido una manera de ser, una manera de estar en el mundo". Es la lluvia con su inmensa sabiduría diciéndonos en cada gota, en cada cana, que la felicidad es un estado interior.

Vuelvo a la definición de lluvia: "se utiliza también como tema de conversación, como metáfora, como mero recurso de la imaginación, existe: la que forma charcos y regocija a los niños porque les permite salir a empaparse y a chapotear en las aceras…"
Definitivamente la del sábado era de Agustín.







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Escritura apocalíptica volpiana: “Días de ira”




Manuel J. Tejada Loría. ®


Narraciones en tierra de nadie.

El libro de ficción más reciente del escritor mexicano Jorge Volpi compila tres relatos publicados en años anteriores por separado, y que ahora aparecen juntos bajo el sello de la Editorial Páginas de Espuma con el título “Días de ira. Tres narraciones en tierra de nadie”. Estas historias, según el mismo autor, no son ni cuento ni novela sino relatos de media distancia. En el prólogo señala “un cuento largo es, casi siempre, un mal cuento, si se aspira a rebasar las cuarenta o cincuenta páginas, es porque la trama rompe ya con (la) unidad que persiguen los cuentistas”. En cambio “una novela corta es, casi siempre, una historia larga que ha sufrido una amputación o una herida”.

En un intento de precisar, Jorge Volpi menciona como “ejemplos supremos” de la media distancia a “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo y “Aura”, de Carlos Fuentes en el ámbito mexicano. También cita “La metamorfosis” de Kafka, “El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”, de Louis Stevenson, “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, entre otros libros. Lo cierto es que los ejemplos anteriores más que aclararnos eso de “la media distancia” nos deja en un mar de incertidumbre. Definir si aquello es o no una novela, un cuento largo o corto, o bien, un frankestein literario, es cosa que poco interesa al lector que busca hacerse de una buena lectura. Y este libro lo es.

Volpi ofrece tres historias –textualmente– alucinantes y, por qué no decirlo, divertidas. En un registro narrativo opuesto a su “Trilogía del Siglo XX” (lenguaje adusto ante los temas históricos), u “Oscuro bosque oscuro” (novela en verso), “Días de ira” transita con un lenguaje moderado donde el principal motor de fuerza son las historias que se narran.

El primer relato es un estallido poético en todo sentido. “A pesar del oscuro silencio” cuenta la historia de un Jorge (el narrador) obsesionado con la biografía de un poeta mexicano del siglo XX, Jorge Cuesta (1903-1942). El paralelismo que traza el narrador con la vida del poeta veracruzano, nos sumerge en un relato de desvaríos y juegos narrativos. Tres Jorges (Volpi, el narrador, Cuesta), y una locura compartida. Jorge Volpi alimenta esta confusión con referencias extraliterarias que hacen suponer que el narrador es él. Este juego más adelante lo veremos implementado de manera magistral en “El fin de la locura”, la segunda novela de su “Trilogía…”.


“Días de ira” es el segundo relato. Aquello de , continúa, sólo que ahora exclusivamente sobre el texto. La vida casi perfecta del protagonista se ve trastocada cuando una mujer llega a su vida y detona en él una serie de oscuras fatalidades psicológicas. Sobresale aquí, y lo escribo aún con una sorpresa inaudita, el acertado manejo del erotismo que en Jorge Volpi, después de varios libros, es novedad, y que en el caso de este relato se vuelve un personaje más de la ficción.

“El Juego del Apocalipsis” es el último relato del libro, en él se encuentran las claves para comprender estas narraciones en tierra de nadie. El protagonista y su pareja viajan por azares del destino a la isla de Patmos, lugar donde celebrarán la llegada del nuevo siglo en medio de las ancestrales creencias del fin del mundo. Su relación se verá afectada cuando formen parte de unas extrañas reuniones que un singular grupo de turistas organiza para reflexionar en torno al Apocalipsis que escribió San Juan en ese mismo sitio.

Con puntadas exquisitas de humor, Jorge Volpi hilvana una tremenda historia sobre la caducidad del amor y la legitimidad de nuestras relaciones personales. Tanta atención prestamos a ciertas cosas irrelevantes (como el fin del mundo) que nos olvidamos de otras tan sustanciales como la camaradería de pareja o la comprensión. Por eso uno de los personajes, dirigiéndose al protagonista afirma “cada día se acaba el mundo, querido amigo. Y nosotros asistimos a su deceso sin inmutarnos. La muerte es un ritual cotidiano. Las relaciones humanas sufren el mismo destino. No hay que esperar terremotos, plagas o incendios: ocurren todos los días, cada hora. Sin que apenas nos percatemos”.

Jorge Volpi recurre a la definición original de la palabra “apocalipsis” que en griego significa “revelación”. Y así, encubierto con uno de sus personajes, afirma: “sólo se puede revelar lo que está oculto, algo que está ahí, cerca de nosotros, o incluso en nosotros”. Si bien, para este acto de revelación es necesaria la intervención divina según la creencia cristiana, si “dios le arrebata el velo al profeta para que vea el sentido de la historia”, en el caso de este libro profano, la escritura funge como ese ente “divino” que arrebata el velo de cada uno de los personajes que confluyen en esta tierra de nadie.

Libro alucinante y divertido, “Días de ira” propone una pertinente reflexión sobre la indiferencia que diariamente nos profesamos, convencidos muchas veces, de que somos un todo inamovible. Pero sobre todo ignorando con total alevosía ese otro yo que nos habita y que está siempre a la espera del instante apocalíptico para detonar, y acaso, convertir nuestros instantes no en días de ira sino en la furia misma.






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Nueva Biblioteca Modelo en Tizimín



Primera colección en Braille

Por Manuel J. Tejada Loría ®


Es de envidiarse (envidia de la buena) la nueva Biblioteca Pública Modelo Regional de Tizimín, que lleva el nombre del Dr. Juan Rivero Gutiérrez con sus nuevos servicios que estarán disponibles a partir de hoy viernes 21 de enero. Primero, porque es un logro conjunto entre los tres niveles de gobierno y, segundo, porque cuenta con servicios que atenderán a parte de la población que de alguna manera ha sido discriminada.

La biblioteca cuenta con una impresionante Colección de libros en Braille, la mayor parte obras de la literatura universal, aunque también se encuentran títulos como “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, “Doce cuentos peregrinos” de Gabriel García Márquez, y “Aura” de Carlos Fuentes. Sobresale un par de títulos, también en Braille, para niños: “Cuando el desierto canta”, de Liliana Santirso, y “El libro negro de los colores”, con figuras a relieve y donde se pueden leer descripciones olorosas de los colores: “El rojo es ácido como la fresa y dulce como la sandía, pero duele cuando se asoma por el raspón de una rodilla”.

Es avasallante la colección de estos libros, la primera en bibliotecas públicas del estado. El local que alberga la biblioteca está acondicionado y cuenta con rampas y espacios adecuados para quienes tienen alguna discapacidad motriz o usen silla de ruedas. La lectura, con estos nuevos servicios, está cada vez más alcance de la mayor parte de la población, lo que sin duda obligará a que las instancias correspondientes le den vida a este nuevo centro cultural.




Los nuevos servicios

El programa Biblioteca Modelo es iniciativa de la Dirección General de Bibliotecas del CONACULTA, y para su funcionamiento en Yucatán, contó con el apoyo del Gobierno del Estado, a través del ICY, y el Ayuntamiento de Tizimín, donde el Director de Educación, Cultura y Deporte, el Lic. Luis Pérez Salazar, ha jugado un papel fundamental junto con la Coordinadora de la Red Estatal de Bibliotecas, la contadora Ligia Ocampo Jiménez.

El objetivo es modernizar los servicios de consulta, pero también extenderlos a toda la población. No obstante, además de la Colección en Braille, otro de los servicios que ofrecerá estará enfocado en despertar la capacidad imaginativa en los bebés. Para tal efecto se creó la Bebeteca, que reúne una cantidad de juegos didácticos además de ser un espacio que brinda protección a los pequeños, pues el piso, mesas y sillas, se encuentran cubiertos y acolchonados.

Del mismo modo, para niños con más edad y que ya saben leer, existe una colección de libros didácticos y juegos de mesa con el mismo fin. Dicho espacio, denominado Ludoteca, rompe la imagen tradicional de que la biblioteca es un lugar aburrido y de perpetuo silencio. No obstante, también se introdujo una colección de libros sobre la Independencia y la Revolución Mexicana, llamada del Bicentenario, con libros de historiadores destacados como Charles C. Cumberland, James D. Cockcroft, Paul Garner, entre otros.

El segundo piso de la Biblioteca está destinado al área de estudio y consulta. Cuenta con una Sala de Lectura Informal con cómodos sillones e iluminación natural a través de tres ventanales que permiten un ambiente confortable y propicio para leer un libro o una revista. Contigua a esa sala se encuentran las mesas de trabajo y estudio, así como cubículos individuales.

Llama la atención la Colección Juvenil donde se encuentran obras de literatura fantástica, gótica, y contemporánea. Todos los libros pueden consultarse a través de un catálogo digital muy ágil y efectivo. En total, son aproximadamente tres mil nuevos volúmenes que se integran a esta nueva Biblioteca Modelo, que sumado a lo anterior resulta en un importante acervo de diez mil ejemplares.

El uso de las nuevas tecnologías también se incorpora a estos servicios. La consulta digital a través de internet, o el uso de computadoras para trabajos escolares, será posible con trece equipos de cómputo dispuestos en lugares estratégicos. No obstante, destaca la nueva sala audiovisual con cupo para 25 personas, la cual cuenta con proyector y pantalla, pero sobre todo con un importante acervo sonoro y de video. En este espacio podrán escucharse obras literarias en voz de sus autores (Borges, Cortázar, García Ponce), así como ver documentales de diversos temas.


Nuevo atractivo

Ubicada frente a la escuela de educación especial Víctor Cervera Pacheco sobre la calle 39 entre 60 y 66 de la colonia Benito Juárez de Tizimín, la Biblioteca Pública Modelo Regional sin duda se convertirá en un nuevo atractivo para el municipio. La población mira ya con ojos optimistas este nuevo espacio cultural que algunos pobladores, como el señor Willy Canto, califica de “un logro para Tizimín”.

La profesora María Eulalia Coronado Alamilla, quien es invidente de nacimiento, y que tiene a su cargo un grupo de niños de la escuela de educación especial, expresó su beneplácito al conocer la cantidad de obras literarias que alberga la Biblioteca “Dr. Juan Rivero Gutiérrez”. Después de revisar alguna de las obras impresas en Sistema Braille advirtió que es importante que este sistema sea enseñado, ya que es de mucha utilidad para quienes tienen alguna debilidad visual.

La biblioteca tiene un horario de 8 A.M. a 8 P.M. y es una excelente oportunidad no sólo para realizar investigaciones o tareas escolares, sino para acercarse a la lectura de una manera diferente. Incluso cuenta un notable acervo de revistas culturales y próximamente contará con un equipo especial de cómputo para consultar vía digital los archivos de la Fonoteca Nacional.

De seguro esta biblioteca representará el sueño cumplido de quienes aman los libros, y bien podría ser una excelente iniciación para quienes ven con tedio la lectura. Pero sobre todo es la materialización de que sí es posible una biblioteca total y para todos, con espacios, iluminación y un acervo actualizado.

En Mérida apenas la Biblioteca Central de la UADY, y algunas facultades de la misma universidad, brindan un lugar placentero para la lectura, aunque no todos los servicios antes descritos. Ojalá pronto estas Bibliotecas Modelo se extiendan a más municipios de nuestro estado.






Twitter: @manueltejada


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Esas nubes tan ceniza del domingo


Por: Manuel J. Tejada Loria. ®







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Regreso a casa. A las 3:35 de la tarde la imagen de Raúl Cáceres Carenzo se desvaneció en el túnel de abordaje de la terminal aérea cargando su morral milenario de sueños e ideas tantas. Lento su caminar. Pesados sus pasos y sus palabras. En aquel morral al hombro, tejido de henequén y vida, lleva también la revista “Camino Blanco” que el Instituto de Cultura de Yucatán le ha dedicado, y que el sábado 6 de noviembre fue presentada en la Biblioteca Manuel Cepeda Peraza.

Con el sol ausente y las nubes derramadas de ceniza recorro la Avenida Internacional con las imágenes aún frescas de los últimos días. Un domingo apacible como pocos, apenas un convoy de patrullas federales irrumpe la calma, pero todo lo demás es vida y recuerdos. Todavía el jueves último Cáceres Carenzo regresó a Halachó para presentar el libro “El canto de la tierra”.

En los bajos del Palacio Municipal la voz del poeta irrumpió la noche halachoense. El público, atento, paladeó cada verso y respondió con aplausos. La sonrisa de Raúl no podía ser más genuina. Lo vi, lo vimos todos convertirse en niño, en alux, en canto sin disimulo. Pese a la larga jornada Raúl se dio el tiempo para platicar con sus coterráneos que al final del evento se acercaron a él, ya sea para pedir una dedicatoria para el libro presentado, o bien para sólo estrechar su mano… Raúl nada sabe del cansancio ni de la prisa, por el contrario, en él sólo paciencia y corazón.





Ahora lo recuerdo todo. Ahora mientras regreso a casa lo vuelvo a ver una vez más llegando al café para encontrarse con sus amigos yucatecos, para intercambiar libros, revistas, proyectos. La agenda del poeta es ardua y por momentos delirante, pero no se raja, y allí está, yendo de un lado a otro con su morral a cuestas.

Además del Centenario de la Revolución este 2010 se conmemoran los 100 años del natalicio de un notable escritor cubano, José Lezama Lima. Se le rindió por lo mismo un homenaje organizado por la Subdirección General de Literatura y Promoción Editorial en la Biblioteca Manuel Cepeda Peraza, y ahí, Cáceres Carenzo, también estuvo compartiendo la mesa con el poeta quintanarroense Javier España y con el exiliado Jorge Pech Casanova en voz de Jorge Cortés Ancona. Pech se sumó al homenaje enviando un texto desde Oaxaca.

Es que lo que nos une –dice Cortés– es esta pasión por Lezama. Cáceres leyó un fragmento del poema de Saint-John Perse traducido por el poeta cubano. La fiesta de la poesía pero también de la reflexión: “¿Por qué no leen a Lezama?, espetó Raúl Cáceres Carenzo al público asistente. Y entonces el diálogo.

…Y el sábado. Algunas nubes impidieron el lastimante calor del mediodía. Bondades de noviembre. Con el traje gris de corte largo y pechera incluida –atuendo que caracteriza a Cáceres Carenzo– arribó al sitio de la presentación de la revista que le fue dedicada. Ahí, en la Cepeda Peraza, de nueva cuenta, los hermanos España, el poeta José Díaz Cervera y el Director del ICY, Renán Guillermo González, quien personalmente recibió al poeta.

Roldán Peniche Barrera elogió las crónicas del poeta halachoense referentes al mítico café “La Habana” de la Ciudad de México, y sobre los nacimientos que el poeta tabasqueño Pellicer cada diciembre colocaba en su casa para disfrute de políticos, artistas, faroles y público en general. La poesía desde luego: Marco Rodríguez Murillo (a) “Petrarca” leyó un par de poemas incluidos en el número 11 de la revista Camino Blanco. También la voz de Díaz Cervera resonó con la lectura de “Salutación a Halachó”.




Hora de abordaje. En el andén B de vuelos nacionales, Cáceres Carenzo pide al guardia un segundo de tolerancia para despedirse. A nuestro alrededor otras gentes se abrazan, lloran, se despiden con la tristeza y la alegría entremezcladas. Así son los aeropuertos. Así son las despedidas, ese dejo de nostalgia, estas nubes tan ceniza del domingo. Me dice, entonces, Raúl Cáceres que está muy agradecido por el recibimiento del Director del ICY, que pocas veces un funcionario se toma tantas molestias. “Agradécele también a Jorge Cortés por sus amables atenciones” , me dice mientras estrecha la mano en señal de despedida. “No es nada, Don Raúl, que es entre amigos”, le respondo. Morral al hombro emprende el camino hacia el avión. “Así es, Manuel, entre amigos” contesta. Se desvanece su voz, su imágen. Sólo hasta entonces, regreso a casa.


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FUENTE: http://cronicasdelsilencio.wordpress.com


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Literatura para qué

Manuel Tejada.

No creo que exista una literatura o una subliteratura. Hay múltiples lectores, eso sí. Hay muchas maneras en que también, cada uno de ellos —los lectores— conciben lo literario según las necesidades propias.

La literatura salva, pero también condena; adula, pero también critica; humaniza, pero también desata pasiones innombrables.

No creo tampoco que haya una literatura dual: por una lado aquella que sólo atiende al fondo; por el otro, aquella que sólo atiende a las formas. Insisto que todo es cuestión de lo que habita en el lector. De su posición frente el mundo depende la función que encuentre en la literatura.

Después de todo, una novela, un cuento, un poema, un ensayo se deben a sí mismos; ya ni siquiera el autor tiene injerencia desde el momento en que su texto es socializado, es lanzado dentro de una botella al mar de los lectores posibles.

¿Cuál es nuestra posición frente al mundo? Me pregunto si habrá un médico en nuestra sociedad que realice cirugías sólo por el gusto de ver cómo el bisturí va dividiendo con su agudo filo la piel de algún incauto.

Un cirujano cuya satisfacción radique en abrir los cuerpos para sostener los órganos con las manos —el hígado tal vez— y saborear con el tacto de sus pulgares aquella rugosa consistencia, al mismo tiempo que contempla (sin duda un acto de inusitada belleza) cómo el tejido hepático se ve envuelto en una racha de leves temblores.


En el momento de las decisiones, un doctor a final de cuentas, elige su profesión (como muchos) en la medida que asume su papel en el mundo. ¿Cuál es este rol por el cual tendrá que dedicar más de diez años de estudio y prácticas?: salvar vidas.



Estudiar Medicina, entonces, significa adquirir las herramientas y conocimientos necesarios para desempeñar una labor que requiere por sobre todas las cosas exactitud. No hay rodeos ni otras intenciones.

Quien se dedica a la literatura asume del mismo modo un rol. El meollo del asunto, entonces, sería encontrar cuál es la función de la literatura en nuestro tiempo. Suponer que existan doctores que sólo operen por el sólo disfrute de mirar y sentir la calidez interior de los cuerpos resulta inconcebible. Del mismo modo, pensar en la literatura como un mero objeto de apreciación, la condenaría a ser un apéndice de la sociedad. En lo personal creo que la literatura no tendría sentido sin la preocupación por el otro.

Es ancestral aquella discusión sobre el fondo y la forma en la escritura, es decir, entre lo que se dice y cómo se dice. Lo cierto es que la literatura no se conforma como tal si ninguna de las dos partes logran compenetrarse para ofrecer un texto rico en textura, sabor, peso y volumen. Esa es la labor de un escritor, hermanar ambas partes, y las grandes obras literarias así lo confirman.

Cosa distinta es lo que busca un lector, ese sí, avocado a satisfacer múltiples necesidades. Habrán algunos que prefieran los contenidos por encima de la forma en que se encuentra escritos; otros tal vez sólo buscan una buena historia para leer y quizás algunos más lean para obtener un placer que no pueden explicar.

El sábado antes de las elecciones, por ejemplo, en un taller mecánico me robaron un libro que recién había adquirido. Cuando me di cuenta al día siguiente sentí un poco de confusión. Por un lado, la molestia por el robo (no lo había leído); pero por otro, sentí una extraña alegría porque después de todo era un libro y de poesía.

En verdad espero que el hampón literario haya leído algunas hojas antes de haberlo canjeado por un par de cigarros. Aunque existe la posibilidad de que haya sido un lector que en su avidez llegó al extremo del hurto. Como sea, el lector también toma una postura ante el mundo al momento de abrir un libro... o de robarlo.



http://www.poresto.net
10-julio-2009






eccetexas@gmail.com

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Modulo I en Ticul

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Al centro, el maestro Jesús Heredia Camaño, instructor de la Dirección General de Publicaciones del Conaculta mostrando la catalogación del acervo.

Leer va más allá de aprender el alfabeto y las palabras. Lo esencial de la lectura radica, precisamente, en interpretar los significados que de su enunciación resultan. Saber leer un texto es prepararse para otro tipo de lecturas, como las que el mundo y nuestra realidad ofrecen, las cuales, a su vez, sólo son posibles gracias al lenguaje.

La ciudad de Ticul, al Sur del Estado, engalanada de pies a cabeza por la celebración de su 141 aniversario, fue el escenario perfecto para el primer módulo del Curso de Capacitación para la formación de Coordinadores de Salas de Lectura. Este proyecto, que reúne el esfuerzo de todos los niveles de gobierno estatal y federal, tiene el denominador común de impulsar el hábito de la lectura entre la población.

El programa funciona gracias al trabajo voluntario de miles de personas que, sin recibir contribución alguna, se lanzan a la sociedad para encontrar lectores y así, estrechar la distancia que actualmente existe entre la gente y los libros, distancia que puede traducirse en vulnerabilidad ciudadana ante el embate de los monopolios mediáticos que insisten en la desinformación para su conveniencia.

Sin embargo, esta labor, como comprobamos, no es tan fácil. ¿Cómo le haría para incentivar a otra persona para que lea un libro?... No es sencillo. Para eso, existen diversas estrategias enfocadas a múltiples lectores en potencia, piénsese en el público infantil, juvenil o adulto, herramientas que facilitan, en gran medida, este acercamiento con los textos.

La impartición de cursos como el ofrecido en Ticul, del 18 al 20 de julio pasados, y organizado por el Instituto de Cultura de Yucatán en coordinación con el Programa Nacional de Salas de Lectura, se concentró en la capacitación de personas interesadas en coordinar una sala de lectura. No basta únicamente la intención o buena voluntad, es necesario capacitarse y saber, de entre tantas cosas, cuáles y cuántos son los sentidos que tiene una lectura, cómo se debe manejar un acervo bibliográfico y, sobre todo, saber qué opciones se tiene para lograr que alguien se interese por una lectura.

De esta manera, a lo largo del curso, cuyas sesiones duraban hasta nueve horas diarias, dimos cuenta de diferentes dinámicas grupales cuyo objetivo era conocer los problemas o contratiempos que pueden presentarse en las salas de lectura. Cabe señalar que una sala de lectura es el espacio donde se da el encuentro entre el libro y el posible lector. Cada una cuenta con libros y el material necesario para operar.

El coordinador de lectura, por su parte, más que fungir como bibliotecario –porque además los libros de la sala pueden darse a préstamo– es un mediador entre el libro y el lector posible. De su buena labor y las actividades de fomento que realice, depende que un libro sea leído, o bien, que una persona incluya la lectura en su vida cotidiana.

El Modulo I del Curso de capacitación para fomentar Coordinadores de Salas de Lectura fue inaugurado por el Mtro. Jorge Cortés Ancona, subdirector general de Literatura y Promoción Editorial del ICY, así como por el maestro Jesús Heredia Camaño, instructor de la Dirección General de Publicaciones del Conaculta; la CP Ligia Ocampo Jiménez, coordinadora operativa de Salas de Lectura; Profa. Wilma López, coordinadora de la Sala de Lectura del Colegio "Loteria Nacional" y el Prof. Jorge Osorio Manzano, coordinador de la Sala de Lectura "Popol Vuh" del municipio de Progreso.

No quiero finalizar sin antes mencionar dos cosas. Primero: que el trabajo de fomento a la lectura tiene que comenzar desde casa y a temprana edad, de tal manera que leer sea parte de nuestras vidas como ir al trabajo o incluso comer. Y segundo, felicitar y agradecer a los bibliotecarios, no sólo porque el pasado sábado 19 fue su día, sino por la labor que diariamente realizan en los templos de la memoria.


©Manuel J. Tejada Loría

Articulo del Diario Por Esto! del lunes, 21 de julio de 2008



Arenas Blancas

Articulo del Diario Por Esto! del 02 de julio del 2008

La primera editorial de Vuelta escrita por Octavio Paz en 1976 advertía de la necesidad de la crítica ante una realidad que más que representada era presentada a través de la literatura; mostrar las aristas no era el objetivo, sino mas bien, se trataba de dar una visión panorámica sobre cómo la realidad se encuentra articulada y cómo cada una de sus partes constituyen un todo en constante ebullición. Y aunque a las generaciones que prosiguieron nos tocó ver cómo el editor Paz coqueteó sin pudor alguno con El Poder, es de reconocerse que su labor editorial estuvo fincada en la experiencia que le dejó dirigir varias revistas de corte literario, labor que incluso puede compararse, según Roberto Calasso, con la labor literaria que lo llevó a obtener el Nobel de literatura.


Nuestro asunto, sin embargo, no es con Paz sino con esta revista que trae trasfondos y entretelones que sólo son posibles por el vínculo que Tomás Ramos representa como editor y que de no ser así, hoy no hablaríamos de esta revista Arenas Blancas, porque entre Nuevo México y Yucatán existe la misma relación que hay entre un topo y una oruga, aunque no faltará quien diga que todo depende de la interpretación.


En este sentido, lo que une a Yucatán con Las Cruces, ahí en Nuevo México, sólo podría ser nuestra entrecomillada condición de “Periferia” porque aquí desde estas lajas yucatecas y allá desde las arenas blancas del desierto, la actividad cultural y crítica se sigue ejerciendo, se sigue generando sin importar “El Centro”, así como en su momento García Márquez marcó la pauta y desde Aracataca, lejos de Bogotá en Colombia, nos mostró la soledad más desoladora que Latinoamérica no podía vivir jamás: la de su dispersión, la de su quebranto y fractura, la de su consecuente ensimismamiento.


Es por eso que un proyecto editorial, a estas alturas del partido, no puede ser una suerte de ningún tipo, ni siquiera una escaramuza literaria que publique textos solitarios o que no lleven entre líneas la crítica pertinente. De esta manera la función del editor retoma su dimensión original de concebir una unidad a partir de textos disímiles en género o incluso en temática, un trabajo de parto tan sufrido la mayoría de las veces que el oficio de editor bien podría compararse con el que realiza una comadrona.


Tomás ha fungido como tal para intentar la luz del diálogo y de la reflexión, labor que hemos seguido de cerca desde su inicio como editor en la revista Andanzas y Tripulaciones de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY que no sólo conjugó crítica y creación literaria sino que también dio cabida a trabajos de investigación sobre temas antropológicos, hecho que abrió un espacio fuera del salón de clases para la formación de los estudiantes.


Pero además, la dinámica de la revista ofreció un punto de aproximación entre todas las carreras de la facultad, de tal manera que la publicación sirvió como puente entre las licenciaturas de Historia, Literatura Latinoamericana, Comunicación Social y Antropología, cualidad que no debe subestimarse y que tiene que ponerse en práctica en cualquier proyecto editorial.


Trabajo de parto y de inteligencia sobre todo para saber cuestionar los textos, tejer un diálogo, saber que va y que no. Es difícil: el editor se enfrenta a una suma de complicaciones en el proceso de edición que van desde mediar entre lo que se quiere y lo que realmente se puede hacer, pasando por las correcciones ortotipográficas incluyendo quejas y reclamos que surgen siempre aunque traten de preverse todos los detalles. Por eso un proyecto editorial tiene que respaldarse por un consejo editorial eficiente, Octavio Paz lo tuvo y de ahí quizá su mérito. Con él estuvieron Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Gabriel Zaid y José de la Colina, entre otros.


El trabajo en equipo, no obstante, no implica camaradería y compadrazgo, por el contrario, exige un producto bien estructurado como es el caso de Arenas Blancas que en su número 9 correspondiente a la primavera del 2008 presenta una pequeña muestra de la producción literaria y crítica hecha en Yucatán. Textos del poeta José Díaz Cervera, el dramaturgo Ivy May, y los investigadores Carlos Bojórquez y Denis Pech, son algunos de los autores yucatecos que podemos leer en esta edición y que confluyen con otros trabajos tanto del Norte de México como de diversos países que ponen el diálogo literario sobre la mesa.


Esta apertura que muestra el consejo editorial de la revista, formado principalmente por estudiantes de la maestría de la Universidad Estatal de Nuevo México, ahora encabezados por Tomás, ha permitido que la publicación siga traspasando fronteras y vaya contribuyendo a que las discusiones realmente relevantes dejen ese aislamiento al que se ven orilladas precisamente porque las dinámicas culturales prestan más atención a lo que se genera en los centros de poder.


Es importante señalar cómo el trabajo colectivo realizado con inteligencia y sobre todo con esta visión de equidad siempre generará resultados positivos que refuerzan la integración de las culturas. Por eso Arenas Blancas hoy es un puente monumental donde convergen las ideas y los sentimientos no sólo de sus colaboradores sino también del lector quien sin duda es parte fundamental de esta exposición y debate de ideas.


Quisiera recalcar que la noción de trabajar creando lazos o puntos de encuentro entre las diferentes individualidades a manera de red, poco a poco se ha ido convirtiendo en una herramienta eficaz contra el divisionismo, contra la dispersión que nos ha tenido vulnerables a través de los años.


Esta mecánica de trabajo es fácil de asimilar comprendiendo las estructuras cotidianas que operan de esa manera. Si miramos cómo funciona una hamaca, por ejemplo, entenderemos que en la medida que un hilo se entrelaza con otros pierde su fragilidad característica para emprender una resistencia inigualable.


Es por eso que apostar a un trabajo que mira a la pluralidad y a la convergencia de ideas y de visiones de mundo siempre será bien recibido con los brazos abiertos de la crítica. La crítica que tanto insiste Paz se traduce en la capacidad de no aceptar cualquier imposición que contravenga el desarrollo de la humanidad; de ahí que el mismo poeta mexicano afirme que “una nación sin crítica es una nación ciega”, a lo que tendríamos que añadir, que una nación que insiste en su ceguera es una nación condenada a repetir sus mismos errores y fracasos.




® Manuel J. Tejada Loría





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